La voluntad, una idea abstracta

Cada vez estoy más segura que somos una generación donde la voluntad y muchas otras cosas se ven afectadas, hasta tal punto, que no sabemos cómo usarlas, si existen o si hay que ejercitarlas. Somos la “Generación blandengue”.

Cuando escuché por primera vez esto, naturalmente que me opuse, no sabiendo muy bien su significado, aunque iba percibiendo ya algo qué quería decir. «¿Por qué?», «No todos somos así», «Es mentira», fueron algunas de mis respuestas, con la intención, por supuesto, de tener la razón. «Sólo examina cuidadosamente tus acciones en el día», fue la simple respuesta que tuve a mi negativa, sin imaginar que esto se me quedaría clavado en el corazón.

La verdad es que sí, somos una generación que buscamos todo rápido, fácil, que lo entendamos o controlemos, en fin, que vaya todo a nuestro ritmo. Pero cuando esto no es así, nos apoyamos firmemente en las excusas, pues estas siempre van a estar de nuestro lado y con ellas nunca nos vamos a ver mal.

Si en el momento de decidir, de dar tu palabra, de proponerte metas, dudas que puedas cumplirlo, tu VOLUNTAD no es firme, y está siendo atacada por tus mismos miedos, y quizás miedos que ni ocurran, que sólo son de un imaginario mundo de posibilidades.

Por otro lado, no se trata de ningún modo de que dejes de decidir por miedo a comprometerte a hacer las cosas, porque entonces te estarás haciendo daño a ti mismo, negándote la posibilidad de hacer grandes cosas.

¿Quieres ejercitar tu voluntad? Ten entonces por amiga a la penitencia o por hermana a las mortificaciones del día a día; que tu corazón no se incline siempre por sus gustos, si has quedado en ayudar a tu madre y justo estás cansado, ¡hazlo! Ayúdala. Si debes estudiar y deseas escuchar música al mismo tiempo, niégate por una hora al menos ese deseo.

Y, sobre todo, reza -Dios te ayudará-, y ten paciencia contigo mismo, porque venimos de un mundo donde queremos ver resultados rápidos. Poco a poco verás que el negarte cosas ha servido para hacer lo que debes de hacer en el momento que debes hacerlo y no sólo el dejarte llevar por los deseos o sentimientos que te puedan impulsar.

- Ana Belén Parrales, CSHM