Crisis de identidad

«Nunca nos conoceremos completamente a nosotros mismos si no nos esforzamos en conocer a Dios» - Santa Teresa de Ávila. 

Lo admitamos o no, nuestra identidad está influenciada por miles de factores diferentes: nuestro entorno, nuestra familia, nuestros amigos, el colegio, el trabajo, los medios sociales, la televisión, internet, la música, los carteles, los anuncios... y la lista podría seguir y seguir. De niños, probablemente no prestábamos demasiada atención a estas influencias. Estábamos libres de las preocupaciones del mundo y las opiniones de la gente. Pero según vamos creciendo, los ojos de nuestro corazón empiezan a fijar su mirada en lo exterior. Empezamos a imitar lo que vemos y escuchamos. Empieza a preocuparnos lo que otras personas piensan de nosotros. Y en vez de ser yo mismo, mi identidad puede terminar convirtiéndose en una mezcla confusa de "yos" que al final ni siquiera soy yo. 

Así que aquí hay una buena pregunta con la que luchar: ¿Cómo te definirías a ti mismo? ¿Te has preguntado alguna vez si tienes una identidad auténtica? Tu identidad es quien eres. Si es auténtica, significa que es real, que no es falsa. Probablemente nunca conocerás a nadie que diga que quiere ser falso. Y aun así, la presión es real: mirar, actuar y ser de cierta manera. Francamente, puede llegar a ser agotador. 

Si tuviéramos que resumir, podríamos decir que hay tres maneras de verse a uno mismo; cada una comprende una versión bastante diferente de "ti": cómo te ves a ti mismo, cómo te ven los demás y cómo te ve Dios. ¿Cuál de ellas es la real? ¿Cuál te define? 

Vivimos en un mundo donde nuestra identidad puede sentirse muy confundida. Puede sentirse como un combate de boxeo con nuestra cultura, nuestra familia, amigos, nosotros mismos, e incluso con Dios...

Por un lado, es fácil fabricar una versión de ti mismo basada en cómo te gustaría verte a ti mismo o cómo te gustaría que te vieran los demás. A menudo hacemos esto en los medios sociales e incluso en la vida real también, porque queremos que los demás vean sólo nuestro lado bueno y aprecien las cosas que hacemos. Por otro lado, podemos llegar a consumirnos por la preocupación de lo que los demás piensan de nosotros. Podemos hablar, actuar y hacer ciertas cosas con un cierto grupo de personas, y luego cambiar rápidamente nuestra máscara para hablar, actuar y hacer otras cosas con un grupo diferente de personas en un entorno diferente.  

 Preguntarte quién eres realmente es una pregunta extremadamente importante. A nadie le gusta la mentira, así que ¿por qué quedarse atrapado tratando de estar a la altura de lo que los demás piensan de ti o tratando de presentarte como si fueras perfecto cuando sabes que no lo eres? Nuestro corazón anhela la autenticidad y la integridad. Para ser fieles a nosotros mismos, tenemos que encontrar nuestra identidad en Dios porque si no, siempre nos quedaremos sintiéndonos falsos e incompletos. 

Dios te hizo por amor y tu identidad radica en el hecho de que eres su creación. Sólo Él puede decirte quién eres realmente, y para descubrirlo, tienes que ir hacia Él. Él nos lo hizo muy fácil. Nos ha dado todo lo que necesitamos: la Eucaristía, la Confesión, la Adoración... En su presencia –teniendo en cuenta lo que piensa de ti- es cuando empiezas a descubrir tu verdadera identidad, tu verdadera personalidad, el verdadero "tú". Cuando el respeto humano se disipa y Dios toma el control, la paz invade el alma y empiezas a vivir la vida de la manera en que debías vivirla, ¡no como otras personas quieren que la vivas! El día que dejes de preocuparte por lo que otros piensen de ti es el día en que te volverás libre. Es el día en que te conviertes en ti: la persona para la que Dios te creó.

Entonces, ¿cómo puedo cultivar una identidad auténtica? Aquí hay algunas cosas a tener en cuenta:

 1. Se auténtico. Descubre tu identidad y dignidad a través de una relación con Jesús. No puedes cultivar lo que no has descubierto, ¡así que descúbrelo a Él! Una gran manera de hacer esto es meditando los Evangelios. Intenta unos quince minutos cada día y empezarás a ver, pensar y sentir como Él lo hizo. Encontrarás todo en Él: tu identidad, tu origen y tu meta. Él te ha creado. Él te ama. Deja que Él te defina. 

2. Se intencional. Ten una razón para lo que haces y busca cumplir la voluntad de Dios cada día. No devores lo que el mundo y los medios sociales te dan. Aprende a pensar y reflexionar sobre las cosas para poder actuar con una conciencia recta. Para ser capaz de vivir esto realmente, tendrás que aprender lo que significa decir "sí" a lo que necesitas decir sí y "no" a lo que necesitas decir no. 

3. Se perseverante. No te dejes llevar por la corriente y compórtate siempre de acuerdo con la identidad que Dios te ha dado. No cambies tus valores para "encajar" o comprometer lo que tú crees para complacer a los demás. ¡Persevera! Llevar una vida íntegra requiere un esfuerzo diario. Es necesario elegir a Jesús en vez de al mundo cada día para llegar a nuestra única y verdadera identidad.

Como dijo Carlos Acutis: «Todos nacemos como originales, pero muchos mueren como fotocopias». Tú no naciste para ser como todos los demás. Naciste para ser TÚ y sólo Dios puede decirte quién eres. Así que no malgastes tu vida como si fueras una fotocopia entre muchas otras. Sé el auténtico tú para el que Dios te creó que fueras y descubre la verdadera paz, la verdadera alegría y la verdadera felicidad. 

-Hna. Mary Donovan, SHM