Que te guste hacer el bien

Había una vez un niño de once años al que su profesora describía como «guapo y atento. Un chico muy inteligente». Pero también explicó: «Lo malo es que no parece que tenga un buen corazón. Le gusta distraer a los demás, involucrar a los estudiantes en peleas y sugerir que no tiene nada que ver. Hace de las suyas, y como es inteligente, sabe cómo fingir. Pero si prestas atención, puedes ver que es muy egocéntrico, y puede que te sorprenda cuánto. Saca buenas notas, escribe ensayos increíbles, y tiene capacidades para casi todo. Pero se complace en humillar a los demás o a aquellos que no son tan inteligentes como él, y muestra su indiferencia ante los sufrimientos de los demás. No tengo nada en contra de él, es un estudiante brillante, pero también tengo mucho miedo por él».

Casos como este muestran la importancia de educar no solo la mente, sino también el carácter y la moral de la persona. Una buena educación debe incluir, entre otras cosas, ayuda a la persona para que disfrute haciendo el bien y para sentirse mal cuando ha hecho el mal. 

Es verdad que hacer el bien no es siempre lo que nos atrae, pero por eso tenemos que educar nuestros sentimientos de manera que nos ayuden en la medida que pueden, para conducirnos a una vida moral. Si una persona se siente mal cuando miente pero satisfecha cuando ha sido honesta, esto sin duda le ayudará. Lo mismo ocurre con el sentimiento de malestar cuando una persona es infiel, injusta o vaga, porque esto le ayuda a corregir sus errores. Incluso podría ayudarle más que otros argumentos. 

Si una persona no aprende a luchar contra sus defectos y cede sin resistencia a sus deseos, llegará un momento en el cual los valores y creencias más obvios se volverán confusos y no serán importantes para él,  hasta tal punto que podría cometer el acto más horrible sin sentirse apenas mal por ello.

Lo importante es vivir en la verdad, es decir, en la realidad de las cosas. El exterior y el interior están íntimamente unidos, así que para vivir realmente en paz es necesario rectificar la intención y no llevar una doble vida. Dios me llama a ser tal cual soy en cada circunstancia, no de una manera en cierto ambiente con ciertas personas, y de otra en otro momento diferente con gente distinta. 

Para hacer el bien de forma natural, tengo que practicarlo continuamente. Cuanto antes empiece, mejor. 

La verdad nos obliga, exige que elijamos un bando. Hay algo en nuestro interior que pide coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos. Mi mente tiene que adherirse a la verdad, al bien que sabe que debe hacer. Y tengo que vivir como pienso, porque si no, acabaré pensando como vivo. Tengo que ser bueno por dentro y por fuera.