Autocompasión y virtud

El gran agujero negro: la autocompasión 
La espiral descendente de la autocompasión desemboca en un auténtico agujero negro de amargura

El problema

La lista de ejemplos es infinita: el tímido que deja pasar un sinnúmero de ocasiones de hacerse escuchar, aunque sabe que debería levantar la voz; o la persona que insiste en ser independiente y rechaza integrarse en un grupo, aunque sabe que el estar tan centrado en sí mismo le acaba por amargar. Y podríamos seguir dando ejemplos…

Es importante que seamos sinceros con nosotros mismos. Si nos parecen un suplicio hasta las cosas más pequeñas que nos obligan a superarnos, quizá haya llegado la hora de preguntarnos si lo que en verdad sufrimos es un exceso de autocompasión.
Ahora me dirás: “Vale, vale. Entiendo lo que dices y probablemente tengas razón. Pero el esfuerzo que tengo que hacer me hace sentir abatido. Además, no tiene sentido que lo intente, porque me es imposible cambiar… ¿verdad?”.

Depende de cómo se mire. Si observaras las cosas distanciándote un poco de ellas -o sea, desde la perspectiva adecuada-, te darías cuenta de que lo que tienes delante no es un pedrusco, sino tan solo un guijarro. De la misma manera, serías capaz de ver que superar tu debilidad, lejos de ser un suplicio, es motivo de alegría, porque ejercitas plenamente tu libertad. Superar la autocompasión te quita de encima un peso que te esclaviza. Abandonarla te predispone a una vida llena de paz en la que puedes encontrar la plenitud. Lo acabarías viendo como un gran descubrimiento. Te sorprenderías al darte cuenta de que la satisfacción de superarte es mucho mayor de la que experimentas dejándote llevar por la vagancia.

Ver la luz: virtud.

La virtud lleva a la plenitud.

La solución:

Es necesario adoptar una actitud positiva si pretendes mejorar, da igual en el aspecto que sea. Si uno es capaz de concebir mentalmente una idea acerca de las virtudes, de forma que desee poseerlas, le será mucho más fácil adquirirlas. De esa manera, incluso llegará a poseerlas con menor esfuerzo y mayor satisfacción.

Si, por el contrario, uno no deja de pensar constantemente en la atracción que siente hacia la satisfacción sensual que le ofrecen los vicios que pretende evitar -atracción triste, pero que, sin embargo, existe y debe ser combatida-, esta atracción llenará su mente, dificultándole mucho desapegarse de sus vicios.

Por ello es tan importante profundizar en nuestra atracción hacia el bien y meditar cómo el ejercicio de la virtud, a la larga, es lo que nos hace felices y nos da plenitud. Esto es más importante de lo que puede parecer. Se consigue llegar a ser mejor persona, porque la imagen de quién nos gustaría llegar a ser es deseable a nuestros ojos.

Pensemos un momento en la persona que tiene suficiente fuerza de voluntad como para levantarse todas las mañanas sin andarse con rodeos. Y ahora comparémoslo con aquella persona que, día tras día, semana tras semana, año tras año, disputa la misma terrible batalla contra su cómoda almohada y sus cálidas sábanas hasta el día de su muerte. La suma de todo el sufrimiento que le espera día tras día no es sin duda nada envidiable.

¿El núcleo de la cuestión? Dejarse llevar por la autocompasión conduce finalmente a un auténtico agujero negro de amargura. Y, ¿de verdad hay alguien que desea vivir de esa manera? El ejercicio de la virtud requiere esfuerzo y, al principio, implica algo de sufrimiento, especialmente para los que estamos demasiado acostumbrados a entregarnos a nuestros apetitos. Pero, ¿alguien negaría que en el fondo vale la pena? El resultado final son la verdadera plenitud y la felicidad.