¿Debo soltar las riendas? ¿No soy yo quien guía mi vida?

Una de las cosas que nos resultan más difíciles de entender cuando pensamos acerca de nuestra vocación es cómo la voluntad de Dios y los deseos de nuestro corazón pueden ir de la mano. “Si Dios me llamara realmente a eso, ¿no debería sentirme atraído por esa vocación?”. “Siempre me he imaginado a mí mismo casado y formando una familia… Por tanto, debe ser eso a lo que Dios me llama”.

Pero nuestro Dios es un Dios lleno de sorpresas y, en ocasiones, su plan para ti es muy diferente de lo que tú hubieras esperado. Puede ser que no vaya contra tus deseos, pero quizá te revele los anhelos más grandes y profundos que nunca hubieras podido imaginar. Hay una parte de tu corazón que solo Dios sabe cómo colmar. Su plan incluye tus deseos, pero no se limita solamente a estos. Tú tienes tu propia voluntad, tus deseos y tus planes, pero lo más importante es descubrir cómo tu voluntad, tus deseos y tus planes pueden unirse a la voluntad de Dios para ti.

Cuanto más insistas en tus ideas, a pesar de lo que Dios pueda estar pidiendo de ti, más intranquilo estarás. En efecto, hay innumerables personas que podrían atestiguar esto. Nunca se ha podido hallar la felicidad en la búsqueda de uno mismo. “Porque quien quiera salvar su vida la perderá; pero, quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará (Mc. 8,35)".
La felicidad se encuentra en la entrega de uno mismo. Dios es Dios y puede llamar a quien quiera, cuando quiera y como quiera, pero tampoco se entromete. Él espera tu respuesta.