La Virtud Sobrenatural de la Esperanza

La esperanza. ¿Qué es la esperanza y cómo puede cambiarme a mí y al mundo que me rodea?

La esperanza es una virtud sobrenatural por la cual se desea y se espera la vida eterna que Dios ha prometido a los que le sirven. 

Una de las cosas más esperanzadoras que sabemos es que esta tierra es algo temporal y no es nuestro hogar definitivo. En la tierra estamos rodeados de injusticias que nos hacen sufrir y enfadarnos, estamos rodeados de violencia, sufrimiento y enfermedad. Sin embargo, la esperanza está ahí para recordarnos que las glorias que nos esperan en Él son mayores que lo que sufrimos en la tierra. De hecho, es la esperanza la que nos sostiene y alivia nuestras cruces y sufrimientos, especialmente en los momentos en que estamos cansados y nos parece imposible seguir adelante, cuando sentimos que ya no nos quedan fuerzas. 

Bueno, esto puede sonar muy bonito, pero ¿es la virtud de la esperanza razonable o somos ingenuos al guardar esperanza en cosas tan grandes? La esperanza es completamente razonable y coherente, porque lo que esperamos es simplemente el bien que Dios nos ha prometido. Dios es fiable y digno de confianza. La esperanza no es un optimismo tonto que nos engaña para vivir más con un "propósito". No es superficial, sino real. La esperanza es una virtud sobrenatural y será firme, serena y alcanzará su grado máximo cuando esté basada en la fe. 

La Iglesia nos enseña  que nuestra esperanza  en la salvación de nuestras almas debe ser firme, porque Dios no nos quita sus gracias, ni siquiera a los más pecadores. Dios está siempre tendiéndonos sus manos, pero está en nosotros el tomarlas o no. La esperanza reside en la voluntad, porque tenemos que hacer nuestra parte para responder, para cooperar con la gracia salvadora de Dios. 

La esperanza sobrenatural sostiene a los cristianos, incluso en los obstáculos que encuentran para lograr la salvación y perfección. El objetivo de la esperanza es la vida eterna y las medios de alcanzarla. La esperanza es firme e inquebrantable, porque está fundada en el poder y en la bondad de Dios.

La esperanza tiene tres elementos principales: 

- amor y deseo de bondad sobrenatural (nuestra alegría, que es Dios);

- la ayuda de Dios;

- nuestro esfuerzo. 

Amamos a Dios como la fuente de nuestra alegría y, por la dificultad de alcanzarlo, experimentamos el miedo ante el fracaso de no lograrlo. Para superar este miedo necesitamos una expectativa bien fundada. Esta expectativa no está basada en nuestras fuerzas, sino en Dios y en su poderosa ayuda. Esperamos de Él todas las gracias necesarias para obtener la perfección en esta vida y la salvación en la siguiente. La gracia exige cooperación. Es un serio esfuerzo para llegar a Dios y hacer uso de los caminos de salvación puestos a nuestra disposición. 

Cuanto más grande sea el objetivo de nuestra esperanza, más determinado e inquebrantable debe ser nuestro esfuerzo. La esperanza nos une con Dios al separarnos de las cosas terrenales. Una esperanza basada en una fe viva nos demuestra que a las alegrías terrenales les faltan dos elementos: perfección y permanencia. Es la esperanza la que nos muestra a Dios rebajándose para darse a nosotros. Una vez que hemos entendido esto, nuestros corazones se desprenden de las cosas de esta tierra y avanzan hacia Él. Solo Dios es permanente, Él permanece siempre. 

Resulta evidente que el maligno quiera que pequemos contra esta virtud, porque, si lo logra, retiramemos nuestra mirada del cielo, dejaremos de confiar en la bondad y en el poder de la misericordia y de la gracia de Dios. Cuando fracasamos o solo vemos nuestras miserias, es fácil perder la esperanza, pero cuando tenemos nuestros ojos puestos en Dios, en el cielo y ponemos toda nuestra fe en Él, la fe alcanzará su esplendor en nosotros y llegaremos a la casa celestial. 

- Por Hna. Megan Murray, SHM