Generosidad: el camino hacia la felicidad

¿Has sido tan egoísta y has estado tan centrado en ti mismo que tu corazón, en lugar de crecer y florecer en el amor, se ha encerrado en sí mismo, convirtiéndose en una miserable masa negra?

Proverbios 3, 6 dice: “Siempre y en cada paso que des, ten en cuenta a Dios y lo que Él quiere”.

En muchas ocasiones, nuestra versión de esta frase es: En todo y en cualquier paso que tome, pensaré en mí mismo y en lo que quiero.
El Señor y Nuestra madre dan más a aquellos que les dan más.

Si nuestros pensamientos, palabras y acciones están siempre enfocados sobre nosotros mismos, ¿cómo esperamos ser felices? Probablemente, en tu búsqueda de la felicidad, pienses que, si te centras en ti mismo y en tu propia felicidad en todo momento, la alcances. Si aún no te has dado cuenta de que esta forma de pensar no te hará feliz, te lo hago saber ahora. Siguiendo este camino, nunca encontrarás la felicidad.

EMPIEZA TU CURA: Como siempre, los medios son los sacramentos -especialmente la confesión sincera y frecuente-, la oración, acercarnos cada vez más a Jesús y la Virgen y nunca dejarles de lado. Tu meta es vivir en una unión constante con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y con Nuestra madre; nunca lo olvides. Esta debe ser tu prioridad. Aprovecha todas las oportunidades que tengas para hacer pequeños y grandes actos de amor hacia los demás. Olvídate de ti mismo. Abre tu corazón más grande que nunca. Sé generoso; aquellos que den más son los que más recibirán. ¡Da con alegría! Dios ama al que da con alegría. (2 Cor. 9, 7).

Le pedimos a nuestra Madre, salud de los enfermos, que nos dé un corazón como el suyo: generoso, bello y alegre. También le pedimos que haga que nuestro corazón crezca en amor a su Hijo y a los demás. Amén.