Adquirir la virtud

Una virtud solo puede adquirirse trabajando de forma constante, día a día, poco a poco. Nadie va de expedición al Himalaya como un entrenamiento previo al inicio de su carrera como senderista. Antes tienes que fortalecer tus músculos gradualmente, comenzando por trabajos de menor esfuerzo y prosiguiendo en esa línea hasta poder alcanzar logros mayores.

Esta misma regla se aplica a la virtud. Es verdad que cada persona, por naturaleza, tiene unas virtudes que practica con más facilidad que otras. Si no nos esforzamos constantemente en ejercitarlas en cada situación que lo requiera, podemos perder la facilidad para practicarlas. Si esto sucede en el caso de la llamada “virtud natural”, resultará mucho más necesario para cualquier otra virtud que intentemos ejercitar.

Debemos estar atentos a esos momentos que se nos presentan como pequeñas oportunidades para practicar una virtud. Si los perdemos, se nos escapará la oportunidad de fortalecernos más en ella. A veces, la gente sueña o imagina que, si tuviesen que salvar una vida a costa de la suya propia, serían capaces de hacerlo de una manera heroica, con valentía. Bonito sueño, ¿verdad?
En realidad, si no has estado dando pequeños pasos cada día en poner los gustos, deseos y la voluntad de los demás (siempre y cuando sean buenos) por delante de los tuyos propios, nunca serás capaz de responder ante situaciones más drásticas.
Todos los grandes ejemplos de respuestas virtuosas con las que querríamos responder cuestan la lucha del día a día.