Sinceridad: sé tú mismo

A veces, puede resultar complicado expresarnos, ser lo que realmente somos, especialmente, si eso significa que seremos señalados por nuestros amigos. En ocasiones, nos volvemos tan cuidadosos que, al final, no expresamos realmente lo que llevamos dentro. Algunas personas lo describen como “ponerse una máscara” o “no ser uno mismo”. Terminamos midiendo nuestra forma de actuar, todo lo que hacemos y decimos, buscando nuestra propia conveniencia.

La sinceridad es la virtud que nos permite expresarnos libremente ante los demás, sin miedo a sufrir la decepción. Nos permite ser quienes somos de forma natural. Si somos sinceros, no buscaremos crearnos una imagen falsa de nosotros mismos. Podemos actuar, pensar y sentir con libertad, sin pretender ser otra persona.

En la actualidad, vivir de ese modo es un verdadero regalo, así como estar rodeado de aquellos que son sinceros. Parece ser que, cada vez con más frecuencia, la gente está buscando ser de otra manera, en lugar de ser lo que Dios quiere que sea. San Juan Pablo II dijo: “Sé quien tienes que ser”. Es decir, sé lo que tú eres y no lo que son los demás o lo que los otros quieren que seas. En realidad, vivir de una manera sincera y natural es muy atrayente para los demás. Pueden ver que tú tienes algo que ellos no tienen: la valentía de ser tú mismo, sin preocuparte de lo que otros puedan pensar o decir. Todos queremos, en lo más profundo de nuestro interior, que así sea, pero hay también muchos que, por cobardía, no están dispuestos a llegar tan alto.

En orden a vivir así, tienes que dedicar tiempo a la oración, para llegar a conocer quién quiere Jesús que seas. Pídele fortaleza para no volver la espalda a su plan para ti, aunque vivir como los demás te parezca más atractivo. Aunque resulte más atrayente, el hecho de dejar atrás su proyecto de quién debes ser, sería vivir una mentira. Vive en la verdad; sé sincero contigo mismo y con los demás.