Crecimiento en la virtud: sinceridad

¿Querías realmente decirle a alguien lo feo que te parece, si es lo que sinceramente piensas, cuando te preguntan cómo lo ves? ¿O decirles que hablan demasiado cuando siguen y siguen hablando sobre ellos mismos? A veces, tenemos este dilema: “Tengo que decir la verdad, pero…”. Hay un término medio. La sinceridad nos ayuda a ser veraces y no a no ser falsos, pero, al mismo tiempo, a no ser maleducadamente honestos.

Pero entonces, si no digo o hago lo que me sale de manera natural, ¿cómo puedo ser sincero? ¿No estoy mintiendo a esa persona?

No olvides que la clave de la virtud, como ya hemos mencionado, es siempre el amor. Todas las virtudes y los actos que hacemos en nombre de la virtud, deben fundamentarse y enraizarse en la caridad. Debemos ser naturales. Al mismo tiempo, no queremos llegar al extremo de ser absolutamente bárbaros, insensibles y groseros con nuestros comentarios. Es bueno preguntarse tres cosas antes de hacer o decir algo, como buena forma de ayudarte a vivir la virtud de la sinceridad. Estas tres cuestiones pueden ser nuestros “salvavidas”:

1. ¿Es cierto lo que voy a decir?
2. ¿Es bueno para alguien?
3. ¿Es necesario?

Por ejemplo, tienes que decirle a alguien que debería cambiar su forma de vestir, porque es necesario para que la gente no se ría de él. Pero, ¿hay alguna manera decírselo que sea buena para él? Párate y piénsalo, deja que en la forma de decírselo te mueva la caridad.

También tenemos que tener en mente que hay algunas cosas que deberíamos decir siempre en privado. Puedes hacerle saber a alguien que lo que está haciendo está mal, si esa es la verdad y el bien para él, y si, además, es necesario para que deje de cometer un gran error en su vida. Pero, ¿debería hacerlo delante de otras personas? No, tenemos que ser discretos en nuestra sinceridad. Y si tienes alguna duda, pregúntate siempre a ti mismo cómo querrías que alguien te dijera lo que tú le dirías a los demás.