La mirada

¿Has imaginado alguna vez cómo sería caminar con Cristo en carne humana sobre la tierra? ¿Cómo sonaría? ¿Cómo se vería?

¿Me creerías si te dijera que Él camina entre nosotros hoy?

Te daré algunos detalles de la historia. Durante el tiempo de Adviento del año 2021, mientras vivíamos en la Resi  (una residencia católica para jóvenes universitarias) en Jacksonville, Florida (Estados Unidos), fuimos a una noche de adoración organizada por un grupo de religiosas.

Hubo un rosario, oración en silencio ante Nuestro Señor y música. Pero algo muy especial sucedió esa noche. El Párroco, antes de la bendición, cogió a Jesús en la custodia y fue, junto con dos monaguillos, por toda la Iglesia en procesión. No había mucha gente, así que el Padre dijo: «si queréis acercaros a Nuestro Señor, poneos en uno de los asientos del pasillo», así que lo hice, ni siquiera me senté, sino que me arrodillé en el suelo esperando a que Jesús pasara. En ese momento había hecho una oración, le había pedido a Jesús que me mirara con amor, como un novio miraría a su novia.

El Padre llevaba a Jesús y se detenía ante cada persona, para que Jesús y esa persona pudieran intercambiar una mirada de amor. Él se estaba acercando a mí, mi corazón comenzó a latir rápidamente y experimenté unos nervios fuera de lo común, como se sentiría alguien en el día de su boda. Entonces, Él vino directo a mí, yo lo miré, Él me miró, un intercambio muy simple, pero lleno de paz. El Padre siguió caminando. Sin embargo, no quité mis ojos de Jesús, observé cómo cada persona tenía su turno con Nuestro Señor.

Pero me di cuenta de algo que no noté al principio, la forma en que los demás lo miraban a Él. Cuando llegaba el turno de alguien, miraban a Jesús y su rostro cambiaba, a veces había una sonrisa, paz, lágrimas, dolor y alegría. Pero esa mirada entre ellos y el Señor, sabías que era real. Un hombre en particular miraba a Nuestro Señor irradiando alegría, no podía evitar una gran sonrisa y sus ojos se iluminaban de emoción.

Me hizo pensar en los tiempos de Jesús en la tierra. Imaginaba los miles de personas que encontraba cada día. El Evangelio dice que sanó a muchos, pero ¿a cuántos sanó con una simple mirada? Le bastaba con mirarlos a los ojos, esa mirada de profundo amor que dice «te conozco y te quiero», y por un momento todos sus problemas desaparecen, porque han visto los ojos de su Creador y han sentido su amor.

Una simple mirada de Jesús tiene poder para curar. Mirando a los ojos del mismo Amor, disfrazado de pan, pero realmente presente, ¿cómo no ser sanado? ¿Cómo no ser sanado? ¿No es Él el mismo ayer, hoy y siempre? Me sentí como si estuviera allí en la época de Jesús, como si fuera testigo de su ministerio y viera sus milagros.

Mientras miraba los rostros de cada alma que se encontraba con su Creador esa noche, cada rostro me parecía como si hubieran encontrado a Jesús en forma humana, mirándolo a los ojos, cada uno herido con su mirada de amor. Jesús estaba allí esa noche. Estaba allí tal y como caminaba en la tierra hace más de 2000 años. Pasó por esa habitación y sanó. No tengo ninguna duda de que cada persona que lo miró en la tierra entonces, y que lo mira ahora, son sanados. ¿Dejarás que su mirada te penetre, te cambie y te sane?

-Nancy McAndrew, HMJ, Estados Unidos