El sueño que me sacó de las redes sociales

El verano pasado, antes de que empezase el campamento en Irlanda, me desmayaba mucho. A veces me desmayaba sola y estaba fuera de juego un rato. Una vez, una de las hermanas me dijo que me fuera a la cama a descansar antes de que empezase el campamento para que pudiera estar lo suficientemente bien para poder ser monitora de las niñas más pequeñas del campamento. Así que me fui a la habitación para ir a la cama, y antes de llegar a la cama, me desvanecí, y como estaba sola, nadie estaba ahí para levantarme, así que seguramente estuve así durante un rato. Hay que tener en cuenta que antes de que esto pasara, las chicas vimos con las hermanas un documental llamado: El dilema social. Es un documental que trata de cómo las redes sociales van tomando posesión en el mundo y de cómo están corrompiendo las mentes de la gente. Es un documental impresionante y me impactó tanto que no podía dejar de pensar en ello. Estaba dándole vueltas al tema y luchando con la idea de tener que eliminar mis cuentas en las redes del móvil. La gente siempre me hacía bromas diciéndome que era adicta a las redes sociales;  yo me reía de ello, pero era verdad (y estoy segura de que algunos de ellos iban en serio).

La idea de deshacerme de ellas me daba miedo y me ponía ansiosa. ¿Qué iban a pensar mis amigos de mí? ¿Cómo me pondría en contacto con ellos? Y estaba pensando en los malos amigos. Amigos que no tenían ningún buen impacto en mi vida. ¿Qué iba a hacer en mi tiempo libre? Seguramente no había nada más interesante que navegar por TikTok e Instagram.

Como iba diciendo, me desmayé en la habitación y no había nadie allí para levantarme. Mientras estaba así, tuve un sueño. Fue un sueño muy largo, por eso pienso que estuve ahí durante un largo rato. Y esto es lo que pasó en mi sueño:

Estaba en una habitación oscura con una gran ventana. Miré por la ventana y vi a mi yo futuro tumbada en una cama en la Unidad de Cuidados Intensivos. Tenía muchas máquinas, cables y monitores cardíacos conectados a mí. No sabía lo que me pasaba, pero no era algo bueno. A la derecha de mi cama había dos médicos: un hombre y una mujer. La mujer estaba sentada con la cabeza entre sus manos, y el hombre estaba a mi lado haciéndome preguntas. Estos dos doctores parecía que se preocupaban y querían lo mejor para mí. Parecía que estaban tristes porque me estaba muriendo. Yo entendía todas las preguntas que el médico me estaba haciendo pero no le estaba prestando ninguna atención porque había otros dos doctores a mi otro lado, también un hombre y una mujer. Los dos estaban de pie y ambos tenían un teléfono en sus manos. El hombre también me estaba haciendo preguntas pero no entendía una palabra de lo que estaba diciendo. Yo le cosas sin sentido y él intentaba escribir mi respuesta en su móvil. La mujer tenía su teléfono conectado a una de las máquinas y parecía controlarla con él. Los dos parecían completamente desinteresados, como si fuera un día más.

La mujer buena empezó a llorar de desesperación porque no estaba respondiendo a nada de lo que el doctor bueno me estaba diciendo, y el doctor bueno se sentó también en otra silla al lado de ella y puso su cabeza entre sus manos.

Volviendo a mi lado izquierdo, las máquinas se encendieron y empezaron a mostrar todo lo que yo había estado haciendo durante mi tiempo libre, y me di cuenta de todo el precioso tiempo que había perdido en mi vida. Me mostraba estando en TikTok viendo videos inútiles de nada, durante horas. Estaba triste por la cantidad de seguidores que tenía en Instagram o la cantidad de «likes» que tenía en una publicación. Me mostraba abriendo «snaps» de gente en Snapchat y realmente estando cansada de hacerme fotos y mandárselas de vuelta. Me veía navegando por Pinterest y guardando pines que sabía que nunca iba a usar, fotos de conjuntos, uñas, maquillaje y peinados. Me mostraba sacándome fotos y nunca estando satisfecha con ninguna de ellas. Me descubría publicando fotos en VSCO que solo se convertirían en un peligro para mi privacidad ya que no sabía si esas fotos podrían ser compartidas o si personas que no conocía podían estar viéndolas.

Detrás de las pantallas había un reloj y las agujas giraban, mostrando las horas pasar y pasar mientras yo hacía todas estas cosas. Entonces, de repente, las pantallas cambiaron a blanco y negro y empezaron a mostrarme todo lo que podría haber estado haciendo en vez de estar perdiendo mi tiempo en las redes sociales. Podría haber estado ayudando en casa. Podría haber estado pasando tiempo con mis hermanos. Podría haber estado haciendo mis trabajos o estudiando para exámenes que suspendí por no haber estudiado. Podría haber estado practicando guitarra o violín y así cumplir mi sueño de ser una gran música. Podría haber pasado más tiempo con Jesús en el Santísimo Sacramento o consolando a Nuestra Madre.

Todas estas cosas me abrieron los ojos a lo que mi vida podría haber sido y todo en lo que había perdido el tiempo. Entonces todas las pantallas se apagaron al mismo tiempo y la habitación se quedó prácticamente a oscuras. Las mujeres de ambos lados me pusieron sus manos para que las cogiera. Miré las dos manos pero cogí la mano de la doctora que todavía tenía el teléfono en su mano, y en cuanto cogí su mano, los dos doctores de mi derecha se desvanecieron en el aire. Al mismo tiempo, mi cabeza cayó a un lado y morí.

Me desperté en el suelo de mi habitación, no recuerdo, alrededor de 45 minutos después. Me senté y miré al fondo de la habitación y vi a alguien sentado allí. Tuve que enfocar mis ojos un poco para poder ver realmente quién era.

No sé si habéis oído hablar de la Hna. Ruth María. Bueno, ella era Sierva del Hogar de la Madre y vivió en Irlanda cerca de tres años, desde 2017 hasta 2020. Mientras estuvo en Irlanda, ella y las otras hermanas, abrieron tres casas: una en Roscommon, una en Tipperary y otra en Cork. Durante este tiempo trabajó mucho con la juventud irlandesa y construyó una amistad muy fuerte con nosotras, que íbamos a retiros, campamentos y peregrinaciones. No conozco su historia completa, así que no la contaré por si lo hago mal, pero es impresionante, y ella misma nos la contó justo antes de irse a España. A finales de 2019 le diagnosticaron cáncer y se puso muy enferma. Tuvo que irse a España para recibir un tratamiento adecuado. Todos rezábamos para que sobreviviera y para que fuera la voluntad de Dios que se curara. Pero a finales de 2020, Nuestra Madre le preguntó si quería irse con ella o quedarse en la tierra, y ella no pudo resistir ir con Nuestra Madre.

De todos modos, la Hna. Ruth fue la persona que vi al final de mi habitación después de haberme desmayado aquel día. Estaba sentada en un sillón verde al final de la habitación (lo que es raro, porque no había ninguna silla verde cuando me desperté y no la había antes) y no dijo nada. Solo se sentó ahí y me miró, yo no tenía miedo para nada de verla. Para mí fue una señal de que está siempre conmigo y que ella, definitivamente, pensaba que debía cerrar mis redes sociales, porque era una pérdida de tiempo y de vida. Estuvo ahí alrededor de dos minutos, y no noté cuando se fue, pero sentía como si todavía estuviera ahí, aunque no podía verla.

Después de un rato, me volví a despertar, así que no sé con seguridad si vi a la Hna. Ruth María o si fue parte del sueño, pero definitivamente pienso que era ella.

Después de despertarme fui a cenar con las chicas y las hermanas. Algunas de las chicas notaron que tenía un aspecto algo más brillante que durante la semana, que estaba siempre desmayándome. Después de estar sentadas y hablando por un rato, le dije a todas en la mesa que iba a cerrar mis redes sociales, todas, Snapchat y todo. Todas se quedaron calladas del shock, todas sabían lo adicta que era al teléfono y probablemente no me creyeron a la primera, pero las hermanas me animaron y me dieron palmaditas en la espalda.

Durante el campamento de las niñas pequeñas notaba que no estaba mejorando y mis padres tuvieron que venir a recogerme. Obviamente estaba destrozada por no poder quedarme, pero era mejor que me fuera a casa y me recuperara, por si empeoraba. Mientras yo estaba de campamento, mi familia estaba de vacaciones en una casa justo a una hora de allí, así que pudieron recogerme sin problema, cosa providencial, porque mi casa está a más de cuatro horas. Así que me recogieron y me llevaron a la casa con ellos. La vista desde esa casa es preciosa. Puedes ver el mar y las montañas, y todas las casitas al otro lado del camino. Durante los dos días que estuve allí estaba siempre tentada de hacer fotos y hacerle saber a todo el mundo dónde estaba y lo bien que me lo estaba pasando, pero no tenía redes sociales para poder decírselo, y casi todas mis verdaderas amigas estaban en el campamento, así que a las únicas personas a las que se lo diría serían mis “amigos”, a los que solo había conocido online o en el colegio. Así que, no tenía ningún sentido publicar nada. La única razón por la que publicaba cosas era para darles envidia o para hacerme ver mejor, cosa a la que, honestamente, no le doy mucha importancia.

Cuando llegué a casa, todavía tenía la tentación de descargar todas mis aplicaciones de nuevo. Al principio, fue muy difícil no tenerlas porque quedaba con mis amigos o mi familia, que tenían todavía redes sociales en sus teléfonos, y podía verles compartiendo cosas entre ellos mientras yo estaba sentada mirando, y me di cuenta de lo triste que era. Estaba en casa de mi amiga y no me había dado cuenta antes, pero no hablábamos mucho entre nosotras. Íbamos y mirábamos a nuestros móviles, quizás hablábamos un par de minutos, veíamos una película, y luego volvíamos a casa. Y eso era todo. Y era muy triste que llevaba siendo amiga de esas chicas desde hacía años y no sabía ni siquiera cómo hablar con ellas.

Caí en la cuenta de que tener mi teléfono y ser completamente adicta a él era lo que estaba arruinando mis amistades con ellas. Desde entonces he aprendido a hablar con ellas a través de FORZARLAS a hablar conmigo, ya que ahora no tengo nada en mi teléfono.

El borrar las redes sociales fue difícil al principio. Pero después de un tiempo, alrededor de tres semanas sin ellas, estaba bien y no quería recuperarlas ni un poco. Estaba mucho más contenta sin ellas y he aprendido a hacer amigas y ser social sin tener que estar con mi teléfono. Ahora miro a la gente en el colegio y deseo que hagan lo mismo que yo. Viven para la opinión de los demás y todos actúan igual. Ninguno tiene ya personalidad. Todos viven en el mismo mundo retorcido de los demás. Un mundo que dice que solo una forma es aceptable y que si no eres así, ¡¡¡NO GUSTARÁS A NADIE!!!, lo que no es verdad en absoluto. Mientras hagas todo con alegría, no importa si a la gente le gusta o no. He conocido a gente que hace todo con alegría siempre y todo el mundo quiere estar siempre con ellos.

Para terminar, no te voy a decir que te quites todas las redes sociales, pero con mi experiencia de haberlas borrado y haberme quitado de todo el caos electrónico, realmente lo recomiendo.

-Muireann, HMJ, Irlanda

Muireann