La Eucaristía para una joven del Hogar de la Madre

Nosotros, como miembros del HM, tenemos 3 misiones, que son: La defensa de la Eucaristía; la defensa del honor de Nuestra Madre, especialmente en el privilegio de su virginidad; y la conquista de los jóvenes para Jesucristo.

En esta ocasión les quiero hablar de nuestra primera misión: LA DEFENSA DE LA EUCARISTÍA. Os preguntaréis por qué, y la respuesta es muy fácil.

Ahora en medio de esta pandemia mundial, nos hemos encontrado con que se han cerrado varios lugares públicos y se han prohibido actividades que hagan que haya más contagios; y la gente dejándose llevar por su miedo han olvidado quién es el Dueño de la Vida, ¡quién es el que controla TODO, absolutamente TODO! Y, ¿de quién hablamos? ¡¡Obviamente de JESÚS!!

No estoy en contra del cuidado, de cuidar a los más vulnerables, pero, ¿acaso no es más importante la salud espiritual que la salud física? ¡En este nuevo ambiente se nos intenta meter en la cabeza que lo más importante es ser egoísta y pensar solo en mí, en mí y en mí! «¡Piensa en tu salud, tienes que cuidarte, no salgas, no hables con nadie, no te acerques, todo hazlo “cómodamente” desde tu casa, por tu teléfono! ¡Estáncate ahí! ¡Ay sí, así cuidas de ti y de tu familia! ¡Ahí dentro, no salgas!» ¿En qué mundo estamoooos?

¡Es algo muy contradictorio el buscar salud lejos del que la da! Aquí en Chone (Ecuador) estuvieron cerradas las iglesias durante 3 meses desde que empezó la pandemia, sin embargo, gracias a Dios, se mantuvieron actividades que hacían que nuestra esperanza en que esto acabaría fuera grande. Misa, Liturgia de las Horas, oración…; así era como diariamente por medio de Facebook, YouTube y por televisión se nos transmitían a nosotros, los feligreses, que anhelábamos recibir a Jesús y saciar nuestras míseras almas de su GRACIA y AMOR. Semana Santa no quedó atrás, ya que en cada momento del día había alguna retransmisión de nuestra iglesia, ya sea el viacrucis, puntos de meditación, etc. Podría decir que nunca viví tan bien una Semana Santa.

También algo que realmente fue un acto de esperanza en nuestra parroquia fue que ¡Jesús se dignó pasar por nuestras calles! ¡SÍ! ¡Él quiso venir! ¡Él quiso pasar por las calles de nuestra ciudad! Esto sucedió, cuando la situación estaba muy crítica y no se podía ir a las iglesias, a Misa. Pero a Jesús no le importó, Él vio nuestra falta de Él y nos vino a consolar; fue realmente un regalo.

Luego llegó el día en que, viendo la Misa por YouTube junto a mi familia, el P. Darío (nuestro párroco) dijo: «Se abrirán las iglesias, ¡habrá ADORACIÓN EUCARÍSTICA, CONFESIONES y COMUNIÓN!». Solo podíamos llorar de agradecimiento al escuchar estas palabras.

Llegó el día en que volví. No voy a negar que tenía muchos nervios, pues después de haber ansiado tanto recibir a Jesús y de verle solo a través de una pantalla, mi corazón no dejaba de palpitar a mil por minuto cada paso. Desde que fui ese día, no he podido dejar de ir...

Los grupos parroquiales aún no se podían reunir, ya que había aún muchas restricciones; pero pasado no mucho tiempo, se hizo la primera reunión en medio de esta pandemia. Fue un consuelo volver, y estar ahí con todas las chicas, las hermanas, el estar en mi Hogar era un consuelo tan grande que solo podía dar gracias.

Poco después ya se podían celebrar Misas con pocos feligreses, y ahí fue cuando por fin pude asistir a una Misa presencial después de casi 4 meses sin estar en una. Nunca antes hubiese pensado que el no tenerlo me iba a hacer desearlo más. Cuando ya se comenzó a normalizar la situación y había misa dominical, empezaron las Misas diarias presenciales.

De pronto, se empezó a hablar de catequesis. ¡Sí, catequesis! ¡BENDITO SEA DIOS! ¡Empezaron las catequesis después de 3 meses de haberse abierto nuestra iglesia! Y para nuestra sorpresa, el domingo, cuando fue el envío de catequistas, estuvo llena nuestra iglesia, había niños con sus padres y abuelos. ¡Nuestra iglesia estaba llena! ¡Jesús llamó a sus corazones y fueron muchos los que respondieron!

Nuestra confianza está en Dios, en que Él nos protege y que pasará en cuanto a su voluntad. Entonces, en agosto, cuando apenas empezaban a abrirse las iglesias hubo un campamento; y en octubre, fueron los Ejercicios Espirituales. Llenaron mi alma de más esperanza y confianza en Jesús, entendí que es el Dueño de mi Vida, y que su Amor me sostiene. ¡El estar constantemente durante 4 días en silencio frente a Él fue un darme por vencida en sus brazos y al mismo tiempo entender que Él siempre estuvo ahí, que Él tiene todo en sus manos!

Este año 2020-2021, es el aniversario de nuestra Archidiócesis de Portoviejo. Antes de la Pandemia se había preparado un Congreso Eucarístico además era también el año de la EUCARISTÍA. Y es muy curioso porque siendo el año de Jesús Eucaristía nos habían privado de Él. Cabe señalar aquí que hay varios países en donde se mantienen cerradas las iglesias, todavía no tienen Misa. Debemos rezar mucho por esas almas, hermanos nuestros que necesitan del Único que nos da las fuerzas para mantenernos firmes.

Por toda esta situación el CONGRESO EUCARÍSTICO se pospuso, hasta enero de 2021. Puedo decir que fue un regalo de Jesús; somos muy mimadas, pues al ser nuestra primera misión defender la Eucaristía, ¡Él preparaba nuestro corazón y nos lo endulzaba en su Amor! ¡Cuántas gracias se recibieron ahí!

No me cansaré de decir que somos muy mimadas, pues hace poco estuvimos las jóvenes del HM en una peregrinación, en la que estuvimos en El Cañar (provincia que queda en la Sierra ecuatoriana muy cerca del Cajas). Aquí Jesús se manifestó en un pequeño pueblo llamado Cañar. Es un milagro eucarístico no muy conocido, pero puedo decir que al estar ahí se siente mucho la presencia de Jesús Eucaristía. Fue una gracia muy grande, y un entender que ¡Jesús se nos revela y que Él está ahí y está aquí, que Él nos pide que creamos en Él! Justamente en esos días de peregrinación, las lecturas hablaban de que no seamos superficiales pidiendo señales a Dios de su divinidad, sino que creamos en Él, que no busquemos cosas grandes, que le tenemos tan cerca, aunque en apariencia de algo tan pequeño como es el pan, es muy grande y precioso; me refiero a la Eucaristía. Ese mismo día se expuso el Santísimo Sacramento, y Jesús enamoró mi Alma; la fortaleció, y la enamoró, solo podía dar gracias por todo aquello recibido. Ahora veo cuán afortunada soy de poder tener Misa diaria, peregrinaciones y muchas cosas más...

Y también veo cuánto sufren las almas grandes que tienen pruebas grandes al no poder recibir a Jesús. Desde acá, desde Chone, enviamos muchos ánimos. Contad con nuestras oraciones, y con las oraciones de todos aquellos que lean este artículo.

¡Cuán agradecida estoy de todo aquello que he recibido! Nunca sabremos dar gracias, sin saber el don que recibimos. 

-Keyla Razmiño, HMJ Ecuador