Descubrir a Cristo es la mayor aventura de tu vida

Sí, descubrir a Cristo es la aventura más bella de toda nuestra vida. Pero no es suficiente descubrirlo una sola vez. Cada vez que se descubre, se recibe un llamamiento a buscarle más aún y a conocerlo mejor a través de la oración, la participación en los sacramentos, la meditación de su Palabra, la catequesis y la escucha de las enseñanzas de la Iglesia. Esta es nuestra tarea más importante, que tan bien comprendió San Pablo cuando escribió: "Para mí la vida es Cristo" (Flp. 1, 21)".
San Juan Pablo II, IV Jornada Mundial de la Juventud, Santiago de Compostela (España).

¿Has descubierto a Cristo? Quizá te hayas encontrado con Él en un retiro, en el Santísimo Sacramento, durante una hora santa o en una peregrinación. Quizá descubriste a Cristo al escuchar a un sacerdote darte la absolución en el confesionario, después de haber escondido tus pecados más vergonzosos durante mucho tiempo.

Si aún no lo has descubierto, abre tus ojos, porque Él te está buscando. Una vez que lo encuentres, quédate con Él y esfuérzate por conocerlo mejor, a través de la oración y de la meditación de la Escritura. Habla con Él, que Él desea saber de ti.

Descubre su amor por ti a través de la comunión de su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. Acércate a su infinita misericordia en el sacramento de la confesión, donde, con su poder, puede perdonar cualquier pecado y curar al más grande pecador.

No te conformes con un solo encuentro con Cristo, haz de cada día un nuevo encuentro con Él. Descubre su amor por ti y por todos los hombres. Y luego, vive por Él.

 Descubrir a Cristo es la mayor aventura de tu vida

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