¿Cómo conseguir el silencio interior para escuchar a Dios?

El catecismo habla de tres formas de oración, que son: oración vocal, meditación y oración contemplativa. Las tres están basadas en la vigilancia en la Palabra de Dios y su presencia. Ayudan a la persona a valorar el silencio en medio de un mundo ruidoso.

La oración vocal es esencial. Jesús rezó en alto en la sinagoga y, como muestra el evangelio, alzó su voz para bendecir, hasta en su agonía. La oración interior debe involucrar incluso los sentidos.

Necesitamos expresar nuestros sentimientos externamente y que todo nuestro ser participe en la oración. Dios quiere adoradores en espíritu y verdad, como por ejemplo, la oración que surge de lo profundo del alma y se expresa con el cuerpo. La oración vocal (siendo externa y tan humana) es fácilmente accesible para grupos. Sin embargo, incluso la oración personal necesita de la oración vocal. Tenemos que ser conscientes «de aquel a quien hablamos» (Sta. Teresa de Jesús). La oración vocal puede llegar a ser una forma inicial de oración contemplativa (cfr. CCE 2703-2704).

Por medio de la meditación, el creyente busca entender para poder responder al Señor. La atención es a veces difícil y podemos ayudarnos de libros como la Biblia, el Evangelio, libros espirituales, el libro de la creación… (cfr. CCE 2705-2706).

Mientras la meditación nos interpela, descubrimos los movimientos de nuestro corazón. Entonces nos preguntamos: «Señor, ¿qué quieres que haga?».

Los cristianos tienen el deber de meditar regularmente, para ser buena tierra para la palabra de Dios. La meditación moviliza nuestras facultades internas y hace más profunda nuestra fe, para lograr la conversión. Los creyentes deben meditar los misterios de Cristo, como se hace en el Rosario, e ir más allá en la unión con Jesús (cfr. CCE 2707-2708). La oración contemplativa es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Santa Teresa de Jesús).

-Respuesta dada por el P. Dominic Feehan, SHM