¿Qué son las indulgencias y para qué sirven?

Cuando cometemos un pecado, tenemos una culpa y una pena ante Dios. Con el sacramento de la confesión se nos perdona la culpa, pero queda en el alma una señal que debe ser reparada: es lo que se llama la pena temporal. Esta pena ha de purificarse con penitencias y obras buenas en esta vida, así como con las indulgencias, o bien con las penas del purgatorio después de la muerte. Si la remisión de la pena temporal de una indulgencia es total, se llama indulgencia plenaria; si solo se purifica en parte la pena temporal, se llama indulgencia parcial.

Las indulgencias están relacionadas con el perdón de los pecados. Indulgencia es una gracia o favor que se concede, por la mediación de la Iglesia, vinculada al cumplimiento de una acción piadosa, por ejemplo, el rezo de una oración o la visita a un santuario, que nos perdona la pena temporal debida por nuestros pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1471).

Podemos poner una comparación: imagina que clavas un gran clavo en una imagen preciosa de madera, dañándola gravemente. La confesión, que perdona la culpa, sería como sacar el clavo de la talla, pero queda el agujero, que habría que reparar. Esto es la pena temporal, consecuencia del pecado, que hay que purificar en esta vida o en la otra. Y para eso sirven las indulgencias, son favores que concede la Iglesia, por los méritos de Cristo, para ayudarnos a purificarnos de esas penas que tenemos que reparar por nuestros pecados.

El que perdona los pecados es Dios, pero lo hace a través de la Iglesia y de sus ministros, mediante la autoridad que Jesucristo confirió a los apóstoles y a sus sucesores: “A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados” (Jn. 20, 23).
Los requisitos que establece la Iglesia para poder ganar una indulgencia son:

1) realizar la acción piadosa que la Iglesia premia con indulgencia, estando en gracia de Dios;

2) tener intención de ganar la indulgencia;

3) confesar, comulgar y rezar por el Papa en el plazo de veinte días antes o después de realizar la acción piadosa indulgenciada;

4) tener una actitud de desapego a todo tipo de pecado.

Con estas condiciones, se puede ganar una indulgencia plenaria cada día, que se puede aplicar a uno mismo o a un difunto.

Se puede conseguir indulgencia plenaria, por ejemplo, haciendo media hora de adoración eucarística, rezando el santo Rosario en grupo, leyendo la Sagrada Escritura durante media hora, etc.

Por tanto, tiene sentido hablar hoy de indulgencias, porque es una manifestación de la infinita misericordia de Dios que, a través de la Iglesia, muestra que “quiere que todos los hombres se salven” (1 Tim. 2, 4). Cristo, no solo perdona nuestras culpas, sino que también aplica sobre nuestras heridas el bálsamo curativo de sus méritos infinitos.

Respuesta dada por el Padre P. José Javier, SHM