¿Cómo discierno la llamada a la vida religiosa?

Aquí indicamos unos consejos prácticos para discernir tu vocación: Reza,  lee la biblia, pasa tiempo delante de Jesús en la Eucaristía, confíate al Corazón maternal de la Santísima Virgen, intenta vivir la vida religiosa mientras estás en el mundo, busca un sabio y santo director espiritual, ven y verás.

Rezar: Toma tiempo para la oración, no importa lo ocupado que puedas estar. Si quieres escuchar lo que Dios quiere decirte, tendrás que dejar que te hable en el silencio de tu corazón. Pregúntale a Jesús cuál es el plan de vida que tiene para ti y entonces, haz lo que te diga, sea lo que sea, con paz. Si no obtienes una respuesta inmediata, sé paciente, persevera y ábrete a las inspiraciones del Espíritu Santo que habla con contundencia. Reza y escucha con humildad, docilidad y sinceridad.

Lee la biblia: San Ambrosio nos decía que “la oración debe ir acompañada de la lectura de la Palabra de Dios, de manera que tenga lugar un diálogo entre Dios y el hombre, que le hablemos cuando recemos; que le escuchemos mientras leemos los oráculos divinos”. Dios nos habla de la mejor manera a través de su Palabra viva. Cuando estamos discerniendo, ayuda reflexionar sobre la llamada hecha a los patriarcas, a los profetas, a los Apóstoles, al joven rico (que rechazó la invitación que Jesús le hizo a seguirle y como consecuencia de ese “no”, “se marchó triste”) y por supuesto, a la Virgen María (que respondió al generoso don de la gracia de Dios con un amoroso “sí” y como consecuencia, se fue diciendo: "se regocija mi espíritu en Dios” con una alegría desbordante).

Pasar tiempo delante de Dios ante el Santísimo Sacramento y recibirle en la Santa Comunión con frecuencia. A través de la adoración Eucarística y la frecuente recepción de la sagrada comunión, nos enamoramos de Jesús por la unión de nuestro corazón con el suyo. San Juan María Vianney nos dice que “toda Hostia consagrada está hecha para consumirse con amor en un corazón humano”. Es en esta íntima unión con Jesús Eucaristía en la que nuestros corazones son totalmente cautivados y conquistados por su amor, suscitando en nosotros un sincero deseo de seguirle y servirle como Él quiere.

Encomiéndate al Corazón maternal de la Santísima Virgen María. Pídele que te guíe por el  camino que mejor te conduzca a la santidad. Confía en que Ella te ayudará a tomar la decisión correcta respecto a tu vocación. Conociendo el valor y la belleza de la virginidad y castidad, Ella te inspirará un amor puro hacia ellas y un mayor y ferviente amor por su Hijo. Ella te hará ver que debes evitar cualquier relación que te desvía o sea dañina. En la tentación, acude a María, Ella siempre te ayudará. Ella es portadora de un signo indeleble de juventud y belleza que no pasan jamás. Que los jóvenes tengan cada vez más su confianza en Ella y que confíen a Ella la vida que se abre ante ellos”. (San Juan Pablo II)

Trata de vivir la vida religiosa mientras estás todavía en el mundo. “Levántate temprano y haz un tiempo de oración o lectura espiritual. Mortifica tus gustos en las comidas, deja de ver la televisión. Antes de ir a dormir, reza un rato y haz un examen de conciencia de lo que has hecho durante el día. Ayuna a pan y agua los viernes. Trata de permanecer recogida interiormente mientras trabajas. Todos estos ejemplos ayudarán a probar si tienes vocación.” (Davide A. Bianchini)

Dirección Espiritual. “Busca un director espiritual santo, si es posible”. No confíes en tus sentimientos sino que permítele a Dios conducirte bajo la dirección de un sacerdote sabio y con experiencia, preferiblemente uno que hay experimentado la vida religiosa”. (Davide A. Bianchini)

“Ven y verás”. Una vez que tengas luz, pasa a la acción. Visita algunas comunidades religiosas. Conoce su espiritualidad, carismas, misiones, su forma de vida. Es necesario experimentar cómo viven los religiosos porque, una cosa es tener una idea romántica de lo que es la vida religiosa, y otra muy diferente es vivirlo. La cruz llegará pero también  la alegría de haberla llevado por  amor a Jesús y su Iglesia. El tiempo que se pasa en una comunidad religiosa nunca es tiempo malgastado. La madurez espiritual se alcanza en el ejercicio de la virtud y la oración.

Respuesta dada por el P. Henry Kowalczyk, SHM