¿Es posible vivir la castidad o hay que ser un super-héroe?

La pureza y la castidad son exigencias que nacen de la misma vocación cristiana. Por el bautismo hemos sido consagrados a Dios y toda nuestra persona, todo nuestro cuerpo y toda nuestra alma, le pertenecen. Toda nuestra persona está destinada a dar gloria a Dios y a participar de esa gloria.

Jesús nos enseña en el Evangelio: “los limpios de corazón verán a Dios”. Nos enseña a guardar el corazón, porque del corazón del hombre salen los robos, las impurezas, los adulterios, etc. Nos dice que si un hombre mira a una mujer deseándola, ya está cometiendo adulterio con ella en su corazón.

Desde los comienzos de la Iglesia, los cristianos tuvieron que vivir la pureza en un ambiente que no era puro. En el puerto de Corinto, cuando S. Pablo fundó la Iglesia allí, existía una gran inmoralidad (prostitución, libertinaje sexual, homosexualidad). Pero, lejos de rebajar las exigencias de la fe, S. Pablo recuerda a los fieles estas cosas:
- “Ya no os pertenecéis, porque habéis sido comprados al precio de la sangre de Cristo”.
- “Vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, y por eso tienen carácter sagrado: glorificad a Dios con vuestro cuerpo”.
- “Nuestro cuerpo está llamado a la resurrección y a participar así en la gloria de Cristo Resucitado por toda la eternidad”.

Después de decir esto, creo que es necesario saber que para vivir la pureza hay que estar unido al Señor. Un cristiano que no tiene vida espiritual, no podrá vivir la pureza con sus propias fuerzas, porque Jesús nos dice: “Sin mí, no podéis hacer nada”. Por eso, es imprescindible buscar la fuerza y la gracia de Dios que se nos da en la oración y en los sacramentos (especialmente la Eucaristía y la confesión frecuente), en la devoción a la Virgen María (sobre todo, con el rosario).

No puedo terminar sin decir que una persona que reza descubre la belleza de la pureza y de la castidad. Cuanto más nos acercamos a Dios, tanto más amamos lo que Él ama.

Cuando se ama la pureza y se ve como un valor positivo que nos hace capaces de un amor más grande, más alto, entonces se comprende por qué en el matrimonio los esposos deben amarse con un amor casto y puro, también en el ejercicio de la sexualidad. Y también se comprende la grandeza de la virginidad consagrada o el celibato, que permite a las personas consagradas amar a todos los hombres con el amor del Corazón de Cristo.

Respuesta dada por el Padre Félix López, S.H.M.