No es oro todo lo que reluce

Querido apóstol: 

No es oro todo lo que reluce...

No dejes que el astuto, el cazador infernal, haga brillar el espejo de las consolaciones y el aparente éxito ante tus ojos. No es oro todo lo que reluce... Él tratará constantemente de atrapar a los ingenuos y orgullosos en sus retorcidas redes.

Muchos sufrimientos y mucho trabajo conforman el camino del verdadero apóstol. Si su amor por Cristo no es sólido y si no está convencido del amor de Cristo por él, su vida será triste y sin descanso. 

Solo nuestro Dios hecho hombre puede llenar el alma de una inmensa satisfación que impulsa a lanzar con San Pablo ese grito de guerra sobrenatural: "Tengo plena confianza en hablaros; estoy muy orgulloso de vosotros. Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones" (2 Cor 7, 4).

Igual que el apóstol, que se regocijó cuando fue digno de sufrir algo por Cristo, regocíjate cuando nuestro Divino Modelo nos deja compartir sus padecimientos. “Acordaos de la palabra que os he dicho: el siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también guardarán la vuestra.” (Jn 15, 20).

Pero "No temáis, pequeño rebaño, ¡porque yo he vencido al mundo!" (Jn 16, 33).