Crecimiento (2ª parte)

El verdadero apóstol tiene una paciencia, prudencia, tacto y discreción tales que la única explicación es que vive realmente en Cristo.

Vive verdaderamente en Cristo porque vive una vida eucarística. Este sacramento de amor es su sacramento de alegría. Vive en el amor a Dios. Para amarle y para ser amado por Él. No puede ser llamado verdadero apóstol si no es verdaderamente eucarístico. El verdadero apóstol saborea en su interior este regalo del mismo Dios y se regocija en la dulzura de la presencia de su amado, a quien posee y adora.

Y esta vida eucarística se desborda en todos los aspectos de su vida diaria: trabajo, casa, en todo lugar. Está llamado a tener los mismos pensamientos, sentimientos, criterios e inclinaciones de su Maestro y Modelo.
Si se configura con Cristo, será un recuerdo viviente de Cristo, allí donde vaya, haga lo que haga.

“Entrar en los sentimientos de Jesús: este sería el ejercicio cotidiano del vivir como cristianos” (Benedicto XVI).