Crónicas de los mártires irlandeses: Renuncia al Papa o morirás

1 de mayo de 1537. Dublín. Dos años después de la muerte de John Trevers, se convocó el parlamento, como William Brown tanto esperaba. Este, delante de todos los miembros, dejó claro cuáles eran los deseos del Rey. 

 «Vuestra obediencia a vuestro Rey es la observancia de vuestro Dios y Salvador Cristo, Él, Sumo Sacerdote de vuestras almas, que pagó tributo al César, quien no era cristiano. Mayor honor entonces para vuestro Príncipe, su Alteza Real, que es cristiano. De modo que votaré sin escrúpulo a Su Alteza Real, el Rey Enrique como supremo en los asuntos eclesiásticos así como en los asuntos temporales. Esto sin remordimiento ni pecado contra Dios, y quien no haga como yo, no es verdadero súbdito de su Alteza».

En esa sesión se aprobaron dos leyes, el acta de Supremacía y el acta de apelación:

El Rey, los herederos y sucesores, Reyes de Inglaterra y señores de Irlanda, serán aceptados y reconocidos como la única cabeza suprema en la tierra de toda la Iglesia de Irlanda.

Nadie perseguirá o ejecutará ninguna apelación del o hacia el Obispo de Roma o hacia cualquier otro que reclame autoridad por esta misma razón o por cualquier otra, mereciendo los culpables, sus ayudantes, consejeros e inspiradores la pena de Praemunire.

No se pudieron aprobar otras leyes que estaban en la agenda del día por la objeción de los procuradores espirituales presentes en el parlamento. Hasta ese momento, había dos procuradores espirituales de cada diócesis. Su trabajo era guiar cuando había algún tema controvertido, especialmente relacionado con la fe o la Iglesia. Si no se tenía el consentimiento de los procuradores espirituales, no se podía promulgar nada en ningún parlamento. Después de esta sesión, frustrado por no poder aprobar las leyes que se habían propuesto, Lord Leonard Grey escribe a Cromwell: «La prepotencia y obstinación de los supervisores del clero desde el principio del parlamento y en esta sesión, de los obispos y los abades, fue tal que su señoría debía ser aconsejado…considerando su obstinación, pensamos que es bueno prolongar el parlamento por ahora, y para la siguiente sesión proporcionar una enmienda para ellos».

Rápidamente se encontró una solución para eso. Se envió un nuevo decreto al Rey de modo que «ninguno de los procuradores mencionados fuera miembro del parlamento ni diera ni pudiera decir nada ni asentir por ninguna ley u ordenanza promulgada en ningún parlamento».

Una vez eliminados estos obstáculos, se convocó la siguiente sesión y se aprobaron dos leyes más.: una en contra de la autoridad del Obispo de Roma y la segunda declarando la supresión de las Abadías.

Cualquiera que por escrito, predicando, enseñando o que por cualquier otro acto mantenga la autoridad y jurisdicción del Obispo de Roma, o su ayudante, merecerá por cada delito las penas del Praemunire.

Arzobispos, obispos, etc., en sus visitas harán una diligente investigación de todas las personas eclesiásticas y religiosas sospechosas de ser trasgresoras de esta Ley; y si las encuentran culpables, sufrirán las penas dichas anteriormente… 

Todos los funcionarios, abogados y eclesiásticos, prestarán juramento de renunciar al sucesor del Obispo de Roma y su jurisdicción, y de aceptar al rey como única cabeza de la Iglesia de Inglaterra e Irlanda. 

Prestarán el mismo juramento toda persona religiosa al entrar en religión, y otras personas eclesiásticas al recibir órdenes, y cualquier otra promovida a cualquier grado en cualquier universidad del país, al ser promovida o predilecta. 

A cualquiera que se le ordene prestar este juramento y se niegue, sufrirá la pena de muerte y otras penas en caso de alta traición.

La segunda Ley que se aprueba declara la eliminación y confiscación de las Abadías, Monasterios, Conventos y todos sus bienes, tierras… ¿Quiénes serán las primeras víctimas? Aquellos que estaban decididos a que ninguna ley, ninguna tortura, ninguna amenaza, les apartase de la Verdad.


hna kelai

Soy la Hna. Kelai María y soy Sierva del Hogar de la Madre desde 2007. Nací en Arizona (EE.UU.) pero también he vivido en Oregón, Alaska, Florida, España e Irlanda. Soy una conversa a la fe católica y encontré mi vocación poco después de mi conversión. Cada día doy gracias a Jesús por ser suya y por ser Sierva. Toda la eternidad no será suficiente para agradecerle por haberme salvado y por lo mucho que me ha amado y me ama.