Marta Obregón: Custodia tu tesoro

¿Eres consciente de lo que vales? ¿Eres consciente de lo que Dios te quiere? ¿Sabes que por el Bautismo eres hijo de Dios y templo suyo, y que por esta misma razón gozas de una gran dignidad? 

Cada vez con más frecuencia y más intensamente tratan de hacernos ver que esto no es verdad, que somos, no ya como animales, sino simples objetos, y que podemos hacer con nuestro cuerpo lo que queramos según lo que nos apetezca en cada momento, como si fuese algo de usar y tirar, porque no tendrá ninguna consecuencia; es más, nos hacen creer que como verdaderamente algo adquiere valor es mostrándolo, exhibiéndolo. Pero, ¿tú exhibirías un tesoro? Algo que es únicamente tuyo, que te lo han dado para que lo guardes, lo defiendas…, ¿se lo darías al primero que pasase por delante de ti?

Hoy quiero hablarte de una persona muy especial, un ejemplo para todos los jóvenes del mundo, porque no temió defender su gran tesoro, es decir, su pureza, incluso cuando esto le costó la vida.

Marta Obregón nació en La Coruña en el año 1969, en el seno de una familia católica. Cuando tenía un año, la familia se trasladó a Burgos, donde creció y murió, en el año 1992 a los 23 años de edad.

Marta era una joven muy activa. Desde jovencita soñaba con ser una famosa periodista. Por ello, cursó sus estudios de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Escribió para distintas revistas y periódicos y nunca desperdiciaba la oportunidad de anunciar el Evangelio, de hacer llegar a Jesús a todo el mundo.

A los 17 años sufrió una pequeña crisis de fe, pero el Señor en su infinita Misericordia le concedió, durante su primer año de carrera, el descubrimiento de Taizé, donde se encontró con Él y su vida empezó a cambiar. A la vuelta de Taizé su relación con el Señor se hizo más fuerte, llegando hasta las comunidades del Camino Neocatecumenal donde realizó la catequesis y comenzó a potenciar sus virtudes.

El 21 de enero de 1992 en Burgos, Marta visitó al Señor en la Eucaristía por última vez; en ese momento ignoraba que la próxima vez que iba a ver a Jesús, sería cara a cara. Al volver a casa después de un rato de oración, su asesino la esperaba en la puerta de su casa.

El fin último de este hombre era violarla, pero Marta luchó con todas sus fuerzas para impedírselo y ello le costó la vida. Guardó su pureza hasta el final, no permitió que nadie se la arrebatara, estando dispuesta, incluso, a morir por ello.

Marta murió tras ser apuñalada 14 veces, al igual que Santa María Goretti. Además ambas murieron por lo mismo, defendiendo algo que estimaban de grandísimo valor, su pureza. Todo aquel que la vió tras su muerte afirmó que nunca se había visto en un crimen tan horrible un rostro con tanta paz, una paz sobrenatural que solo nos la da Dios cuando hacemos lo que nos pide.

Seamos como Marta, no nos dejemos llevar por el miedo, el placer y otras muchas cosas que nos arrastran a lo más profundo del fango y que nos dejan heridas que permanecerán de por vida. Chicos, luchemos por la santidad, protejamos nuestra pureza, la gracia santificante en nuestra alma, como el mayor regalo que nos ha hecho nuestro Padre Celestial, el pasaporte que nos llevará a su Reino.

- Ana Pérez