Alexia: "Jesús, que haga siempre lo que Tú quieras"

Suena el despertador a las 7:30 de la mañana y otro día comienza. El Señor nos permite vivir un día más y hay que aprovecharlo de verdad. Aunque lo más fácil sea quejarnos y dejarnos llevar por la pereza, no podemos olvidar que estamos en guerra. Sí, una guerra contra nosotros mismos, donde luchamos para alcanzar la Meta.

Miles de niños y jóvenes lo han conseguido, y hoy son grandes ejemplos para todos nosotros. Para ninguno de ellos ha sido fácil pero han seguido métodos muy eficaces: unión con Dios, ofrecimiento del sufrimiento y amor al prójimo.

Una gran triunfadora en esta carrera es Alexia González-Barros, una de las corredoras más rápidas, pues con tan solo 14 años demostró ser un ejemplo de fe y fortaleza.

Alexia nació en Madrid el 7 de marzo de 1971, siendo la pequeña de 7 hermanos. Se crio en un ambiente cristiano y alegre. Fue al colegio carmelita Jesús Maestro desde los cuatro años e hizo la comunión a los 8 años en Roma, ante la cripta de San Josemaría Escrivá, de quien era profundamente devota.

Era una niña con un carácter fuerte, pero a la vez cariñosa y dulce con todo el mundo. Vivió una vida sencilla, como cualquier chica de su edad, pero con una gran unión al Señor y a nuestra Santísima Madre.

Tenía muchísimos dones naturales y se esforzaba por vivir una vida de virtud, sobre todo viendo a su madre, que era su ejemplo a seguir. Vivía enamorada de las cosas del Señor, amor que le transmitían sus propios padres. 

Poco antes de cumplir 14 años le detectaron un tumor en las cervicales, que, al poco tiempo la dejó paralítica. Se sometió a tratamientos muy fuertes: radioterapia, quimioterapia, rehabilitación, y hasta incluso largas operaciones con dolorosos postoperatorios. Dentro de este batiburrillo de intervenciones hay algo que nunca se perdió en ella: su sonrisa y su paz interior.

Alexia ofreció cada uno de sus dolores por la Iglesia, por el Papa y por todos y cada uno de nosotros. Aceptó su enfermedad con fe y alegría y esperó a que llegara su hora con la tranquilidad de que Dios la amaba, que estaba junto a ella y que ella estaba cumpliendo su santa voluntad. Tenía como lema «sí y más»: «SÍ» para aceptar siempre la voluntad de Dios y «MÁS» para que no dejaran de hablarle de Él, para seguir conociéndole y formando su vida espiritual.

Muchos de nosotros por un simple dolor de cabeza o un cambio de planes inesperado ya tenemos para quejarnos un año entero y no nos damos cuenta de que estamos perdiendo la oportunidad de santificarnos y de ayudar a otras personas. Desperdiciamos todos los tesoros que el Señor nos envía porque «no me apetece» o porque «esto así no me gusta», en lugar de hacer como hizo el Señor en la cruz, ofrecer, igual que hizo Alexia.

Por ello, en esta época de sufrimiento, crisis y enfermedades, el Señor nos ha elegido a cada uno para dar luz y tenemos que ofrecernos con todas nuestras virtudes para que esa luz ilumine con más fuerza, y luchar para que un día podamos estar juntos en el Cielo.

Por Ana Pérez