Mártires de Florida

"¡Florida, que ha sido regada en el Este y en el Oeste, en el Norte y en el Sur con la más pura sangre de los mártires!"

-Mons. Augustin Verot, primer obispo residente de Florida. Agosto 1858

Comenzó en 1549, cuando los dominicanos vinieron a la Bahía de Tampa a establecer una misión. Sin embargo, los intentos pacíficos de difundir el catolicismo fueron rápidamente rechazados. Los jesuitas vinieron detrás de ellos en 1566, y se las arreglaron para establecer misiones y prosperar brevemente, hasta 1572. Los franciscanos llegaron a Florida en 1573 y trabajaron enérgicamente para atender y educar a la población nativa de allí. Durante dos siglos, trabajaron y se las arreglaron para hacer crecer las misiones desde san Agustín hasta Pensacola. En 1597 hubo un levantamiento local y cinco franciscanos fueron martirizados en las islas costeras en lo que es ahora el estado de Georgia. En 1647, los primeros cristianos nativos americanos murieron como mártires por su fe en Florida. En los últimos años del siglo XVII y la primera década del siglo XVIII hubo actos violentos contra las misiones de los franciscanos en la parte este de la Florida, dejando varios mártires. Los indios cristianos que vivían en el Apalache, se convirtieron en víctimas de los crisantemos y los ingleses de Charleston, que asaltaron brutalmente las misiones franciscanas de la zona, quemando estructuras, asesinando y esclavizando miles de indios apalaches. Muchos franciscanos e innumerables laicos murieron debido a su negativa a renunciar a su catolicismo.

Antonio Cuipa y sus compañeros estaban entre estos mártires de Florida. Antonio Cuipa, el mártir principal, era marido, padre y jefe. A pesar de que era laico, era conocido como un celoso catequista y llevó a muchos nativos al cristianismo. Cuando los ingleses atacaron, buscaron acabar con este alegre y carismático líder. Fue torturado en una cruz ardiente, pero permaneció fiel a Dios en su tormento. Cerca del momento de su muerte, Antonio Cuipa gritó desde la cruz que la Virgen María se había aparecido a su lado y que la miraba a los ojos. Él dijo que fue esto lo que le dio el valor para soportar la tortura. Otro mártir, un indio apalache llamado «El Chiquito», fue también atado a una cruz. Su fe fue despreciada y le cortaron las piernas para reírse de su baja estatura. Respondió que estaba bien, que no necesitaba piernas porque los ángeles le llevarían al Paraíso.

Una historia excepcionalmente conmovedora es la de una madre, Mariana, y su hijo Jacinto. A ambos les dijeron que renunciaran a su fe y que escupiesen en las cruces que tenían alrededor del cuello. Mariana replicó que no podían hacerlo, porque la cruz era su corazón, y negar la cruz sería destruir su corazón. Jacinto fue entonces torturado y asesinado delante de ella. Los dos estuvieron rezando el rosario todo el tiempo. Los horrores que tuvieron que sufrir les ayudaron a hacerse fuertes en su fe. Un maravilloso ejemplo de valentía mientras se defendía la Eucaristía se ve en el martirio del hermano Lucio de Herrera. Los crisantemos lo atacaron a él y al hermano Pedro de Galíndez un día cuando los dos estaban solos e indefensos. El hermano Pedro, un hombre mayor, fue asesinado. El hermano Lucio intentó escapar, pero fue disparado con fechas y cayó. Llevaba consigo un copón lleno de formas consagradas. En un intento de proteger la Eucaristía de cualquier profanación que pudieran hacer los crisantemos, empezó a metérselas en la boca, buscando consumir todas él mismo. Murió cuando llevaba a cabo esta noble tarea, con formas todavía en su boca y esparcidas a su alrededor. 

La matanza terminó en 1761, en Pensacola, donde tres indios apalaches fueron asesinados mientras intentaban defender la Eucaristía, en una capilla construida por su sacerdote y familiares. La matanza terminó en 1761, en Pensacola, donde tres indios apalaches fueron asesinados mientras intentaban defender la Eucaristía, en una capilla construida por su sacerdote y familiares. En un esfuerzo de proteger el copón con las formas y el tabernáculo de los ingleses y los crisantemos, que estaban atacando y profanarían la Eucaristía, fueron brutalmente golpeados y torturados en frente del altar, decapitados y al final dejados en la capilla. El edificio fue entonces incendiado. Por sus valientes actos de fidelidad al Señor, los mártires de Florida están actualmente en proceso de beatificación.

Los mártires de Florida se sometieron a horribles torturas y sufrimientos increíbles, después, murieron por su fe. Americanos nativos, laicos españoles, sacerdotes y religiosos, murieron por sus creencias y por defender la Eucaristía. Soportaron dolores y sufrimientos inimaginables, ridiculizaciones y abusos. Pero cuando se les propuso renunciar a su fe o elegir la muerte, muchos de ellos valientemente eligieron la muerte antes de negar a Cristo. Permanecieron devotos del Señor, y eligieron estar al lado de Cristo y su bendita Madre incluso ante el peligro. Así es como estamos llamados a vivir, cada día en nuestras vidas. Estamos llamados a permanecer valientes con Dios en medio de todos los peligros de la vida, en la esperanza de que un día estaremos en el paraíso con el Señor.

Oración para pedir la beatificación de los siervos de Dios Antonio Cuipa y compañeros

Te agradecemos que hayas llamado a tus siervos, Antonio Cuipa y compañeros, a proclamar la fe católica durante el nacimiento de una nueva nación. Que su ejemplo de sufrimiento y perdón nos dé el valor de dar testimonio de Cristo en nuestros tiempos. Te pedimos también que sean un día contados entre tus santos. Por la intercesión de tus siervos, concédenos la gracia que te pedimos de tu amorosa amabilidad: (Haz aquí tu petición) Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.