Por la vida: Chiara Corbella

Hay veces que el miedo sobrecoge y paraliza sin querer, y la opción a la que se recurre es la más amena, fácil y la que más nos conviene, sin ni siquiera pensar en las consecuencias que traen nuestras decisiones o en las personas que sufrirán tales consecuencias. Otras veces, el egoísmo se coloca a la cabeza en nuestra vida y arrastra con todo lo que pase a nuestro lado, siendo el más débil, el más perjudicado.

En este caso te voy a hablar de los débiles, todos aquellos bebés que mueren a manos de sus madres injustamente, para «mejorar la vida», porque «no me viene bien en este momento» o por otras numerosas razones mediante las que se pretende justificar el egoísmo que estamos alimentando, cada vez más, en el ser humano. Este gran problema es el desencadenante de vivir alejados de Dios, que conlleva a no valorar la vida de gracia, sumergiéndonos en el pecado hasta el punto de que ni siquiera diferenciamos entre el bien y el mal; como pasa en este caso de los abortos, que creemos que estamos haciendo o apoyando algo bueno pero estamos acabando con una vida humana.

Gracias a Dios, ha habido y hay gente que ha luchado por la vida, hasta incluso poniendo en peligro la suya propia. Un gran ejemplo es la Sierva de Dios Chiara Corbella.

Chiara era una chica italiana católica con una fuerte fe que cimentó desde pequeña gracias a la formación que recibió de su familia. Conoció en una peregrinación a Enrico, con el que, tras vivir un noviazgo verdaderamente católico, se casó y tuvo tres hijos. Durante el embarazo de los dos primeros, los médicos diagnosticaron que nacerían con fuertes deficiencias y que probablemente no sobrevivirían. Tras ambos diagnósticos, Chiara se sintió sobrecogida y seguramente pasó mucho miedo, pero ¿sabes qué hizo? Agarró su cruz, abrazó el sufrimiento y, junto a su marido, depositaron toda su confianza en el Señor, y tiraron hacia delante. Los dos niños nacieron y, tras ser bautizados, murieron.

Durante su tercer embarazo a Chiara le diagnosticaron cáncer. Ante esta situación decidió no tratarse para no perjudicar la vida del bebé. Una vez que dio a luz, el cáncer se había extendido tanto -incluso llegando a perder la visión de un ojo- que resultaba imposible de tratar. Se sometió a varias operaciones, pero Chiara ya estaba llamada a otra vida, ya había cumplido su misión en esta tierra y el Señor la quería con Él en el cielo. Murió a los 28 años.

Por ello, por su confianza en Dios y su amor a la vida, Chiara es un ejemplo para las madres, los jóvenes y todos los cristianos en general. Dios se valió de ella para enseñarnos lo importante que es la vida.

Pidámosle ayuda a Chiara para seguir luchando por el fin del aborto, la eutanasia y para que por medio de ella Dios nos dé fuerzas para mostrar el valor de la vida sin miedo a ser señalado o etiquetados en esta sociedad, a la que no le interesa que nos mantengamos cerca de Él.

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