El cielo y regalarse un helado

Está escrito por toda la Biblia. Dios lo ha dicho. Jesús lo ha dicho... Para llegar al Cielo (¡felicidad para siempre!) tenemos que obedecer su mandato: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo». (Lc 10,27)

¿Todo lo que hago está relacionado con mi llegada al Cielo, incluso cómo gasto mi dinero? Por supuesto que sí. ¿Cómo llegaré al Cielo si gasto mi dinero egoístamente o lo malgasto o no lo invierto sabiamente, es decir, para la eternidad?

¿Debo permitirme constantemente un helado, ir al cine, visitar un parque de atracciones, ir de vacaciones, etc.? Evidentemente, no hay un manual de uso paso a paso para todas las circunstancias posibles, pero aquí hay 3 pautas tomadas de la enseñanza de la Iglesia católica (cf. Gaudium et Spes, 69) para ayudarnos a reflexionar, de modo que podamos aplicar los criterios universales a nuestra vida personal...

1. NO SEAS TACAÑO – TODOS estamos obligados a ayudar a los pobres y a hacerlo no solo con lo que nos sobra. ¿Te sientes bien dando tus zapatos y ropa vieja a San Vicente de Paúl cada vez que quieres un nuevo vestuario? ¿Recuerdas lo que dijo Jesús cuando vio a la gente dando limosna en el templo? «Esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir». (Mc 12,43-44)

2. NO ERES LA ÚNICA VIDA EN ESTE PLANETA – Y si aún no te has dado cuenta, no puedes calificar de «vida inteligente» en este planeta... Dios ama a todas sus criaturas, sobre todo a la humanidad y su deseo es que todas las personas puedan utilizar los frutos de la creación de igual manera. ¿No te dijeron nunca tus padres: «Ten en cuenta que no eres el centro del universo y que no todo gira a tu alrededor»? Si no lo hicieron, aquí estamos para decírtelo ahora :).

3. TUYO, MÍO Y NUESTRO - En el uso de las cosas materiales (coche, bicicleta, casa, dinero, etc.) debemos considerar las cosas externas que poseemos legítimamente no solo como propias sino también como pertenecientes a los demás en el sentido de que deben poder beneficiarle no solo a él sino también a los demás. ¿Sabías que el beato Pier Giorgio Frassati, por ejemplo, procedía de una familia muy rica, pero tenía un pequeño cuaderno donde anotaba cada céntimo que gastaba? Así se aseguraba de que lo gastaba bien.

Así que, solo porque tenga dinero «extra», eso no me da derecho a gastarlo en mí mismo. Todos deberíamos pararnos a reflexionar para ver si en lugar de comprarme una chuche o un helado cada dos días, o en lugar de fumar como una chimenea, quizás puedo intentar reducir el gasto en mis antojos y destinar ese dinero a las misiones o a los pobres. ¿Intentas encontrar un lugar seguro para gastar tu dinero en los demás? Cuando vayas a misa cada domingo, échalo en la cesta cuando pasen el cestillo (como católicos, tenemos la obligación de dar el 10% de nuestros ingresos para ayudar a la Iglesia en sus necesidades de servicio a la humanidad). Si ves que Jesús te pide que des más, aquí tienes un ejemplo de dónde puedes ayudar: Grupos Misioneros del Hogar de la Madre.

-Hna. Anna Riordan, SHM