Una lección en chino sobre el Corazón de María

Hace poco descubrí que en chino, el Sagrado Corazón (de Jesús) y el Inmaculado Corazón (de María) se escriben con la misma frase: sheng xin, que se traduce literalmente como «Sagrado Corazón» o «Corazón Sagrado». Aunque podría ser confuso si no añades las palabras «Jesús» y «María» para aclarar a qué corazón te refieres, pensé que en realidad expresa la unión entre el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de la Virgen de una manera aún más bella y correcta. ¿No son sus dos corazones uno solo, unidos completamente por su amor a Dios? «La Virgen es Jesús con corazón de madre» (Abelardo de Armas, cofundador de los Cruzados de María).

En la Anunciación y Encarnación de Jesús, su corazón se forma en el seno de la Virgen, el cual es consagrado por el Espíritu Santo al cubrirla. Toda la humanidad de Jesús, incluido su corazón, lo toma de la humanidad de Ella, inmaculada y sin mancha de pecado original. ¿No podría describirse también su corazón como inmaculado?

En las bodas de Caná, Nuestra Madre humildemente pide vino y esta petición conmovió el corazón de Jesús. En respuesta, Él conforma su voluntad para cumplir la voluntad de su Padre, tal como le fue transmitida a través de su discreta petición, cumpliendo su primer milagro público. Ella nos señala el camino para conformar nuestra voluntad a sus voluntades unidas: «Haced lo que Él os diga», y Ella misma vivió esta unión de voluntades hasta la cruz.

En la presentación de Jesús en el templo, Simeón profetizó que el corazón de Nuestra Madre sería atravesado por una espada. Al guardar estas palabras en su corazón, Ella debió entender que se cumplirían en el momento de su Pasión. Estando al pie de la cruz, mirando la sangre y el agua que brotaba de su costado traspasado, debió recordar las palabras de Simeón y decir también, en su propio corazón, traspasado por el dolor: «Está cumplido». Sin embargo, Jesús no solo permitió ese momento, sino que lo quiso para Ella, sabiendo que Ella compartiría perfectamente todo su sufrimiento, pues sus corazones son uno: « La Espada que Él adentrara en su propio Corazón, Él mismo, con la cooperación de Ella, la adentró en el Inmaculado Corazón de María. Difícilmente podría haber hecho esto si no fuera su Madre, y si los dos no fueran en un sentido espiritual “dos en una carne”, “dos en una mente”. Los sufrimientos de la Pasión eran de Él, pero su Medre los consideró como propios, también, porque tal es el significado de Compasión.» (El primer amor del mundo, Ven. Fulton Sheen).

También hoy, en la Eucaristía, nosotros contemplamos tanto el rostro velado de Jesús como el de María, porque Él es hueso de su hueso y carne de su carne. «Recibí mi rostro humano de mi Madre. Cuando contemplas mi Rostro, es su belleza la que estás contemplando» (In Sinu Jesu).

Teniendo en cuenta todo esto, no es de extrañar que la Iglesia haya designado el día siguiente a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, al Inmaculado Corazón de María. Sus «santos corazones» son uno. Pidamos a San Juan Evangelista en esta fiesta que nos de la gracia de apoyar también nuestra cabeza sobre su pecho, de escuchar el latido inefable de su Sagrado Corazón, y de recibir a Nuestra Madre en el hogar de nuestro corazón como él lo hizo. En la Eucaristía, Dios nos dará la gracia de un trasplante de corazón, un corazón que lata al unísono con su Sagrado Corazón y con el corazón Inmaculado de Su Madre: «Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne» (Ezequiel 36,26).

- Winnie Ng, Singapore