¿Cuál es la voluntad de Dios?

Cuando empezaba a acercarme a Dios una de las frases que siempre escuchaba era «hacer la voluntad de Dios», y yo siempre me quedaba con la inquietud, pensando: «Entendido, la hago, pero, ¿cuál es la voluntad de Dios?», me parecía realmente una frase que no concretaba nada, más bien era muy abierta e inalcanzable.

Cuando hablamos de la voluntad de Dios en nuestra vida, podemos pensar en un concepto un tanto complejo, y más cuando no sabemos reconocer las mociones que Él suscita en nuestra alma. De hecho, podemos llegar a pensar que Dios nos ha inspirado algo, cuando en realidad es el propio gusto lo que queremos hacer.

Su voluntad se hace presente en cada acto del día; no esperes un ángel para que te de una gran misión, lo común más bien, es hacer cada acto con sencillez. La sumatoria de cada acto te mostrará al final su gran misión para contigo. Son como las piezas de un puzle, solo al final logras ver con claridad la obra, pero cada pieza ha sido necesaria.

Dios no se contradice, Él no te va a pedir algo que vaya en contra de lo que ya ha mostrado, por ejemplo, «amar al prójimo como a ti mismo» y resulta que guardas rencor; es la hora de estudiar y dedicas tu tiempo a otras cosas... Su voluntad es hacer lo que debemos hacer en el momento en que debemos hacerlo. Hacer su voluntad es más sencillo de lo que pensamos, pero nos acomplejamos muchas veces porque nuestra voluntad está por encima de la suya.

Cada vez que seamos fieles a nuestros deberes y obligaciones como personas, el Señor se va a hacer presente, ¿cómo? Con su Espíritu Santo, Él es quien nos dará luz en nuestras decisiones y por el contrario, quien no es fiel en lo pequeño va oscureciendo la voz de Dios en el alma.

Si ya eres una persona que frecuenta los sacramentos, tienes una vida de oración y cuentas con un guía o director espiritual, esto facilita el que el Espíritu te siga mostrando su voluntad. Una gracia da paso a otras gracias.

El alma siempre reconoce la voz de su creador, «mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco y ellas me siguen». Esta fidelidad en las cosas pequeñas ejercitará tu oído espiritual. El Espíritu Santo tiene un distinto tono de voz para cada persona y poco a poco en la fidelidad se lo irá desarrollando. Aunque haya muchas voces en ti, estas serán descubiertas en la medida de tu unión con Dios.

- Ana Belén Parrales, Ecuador