Vivir el presente

Es evidente que estamos constantemente expuestos al ruido externo (tráfico, música, publicidad, vendedores, etc.), y todo esto nos lleva a tener ruido en nuestro interior con pensamientos diversos: lo que tengo que hacer, lo que no hice, lo que quiero…, que no nos dejan vivir el presente. Por ejemplo, si estás tomando una taza de café, en vez de disfrutar de lo que estás haciendo junto con las personas con las que estás, tu mente viaja y te pones a pensar en mil cosas que tienes que hacer, planes que no sabes si podrás realizar, problemas que están sin solucionar, etc., y no estás sino actuando por inercia, sin disfrutar, y preocupado por un futuro inexistente, sin prestar atención a lo que verdaderamente importa: el momento presente.

Ese torbellino incesante de pensamientos, de imaginaciones, de palabras oídas o dichas en las que nos solemos dejar atrapar, y que no hacen más que alimentar nuestras preocupaciones, nuestros temores, nuestras insatisfacciones, etc., deja al Espíritu Santo muy pocas posibilidades de poder actuar. El silencio no es un «vacío», sino una actitud general de interioridad que permite preservar en nuestro corazón una «celda interior» en la que estamos en presencia de Dios y conversamos con Él.

Cada obediencia de San José a los mensajes del ángel, nos descubren una vida interior de profunda contemplación. Las exigencias que demandaba la venida del Mesías a su casa nos muestran esta insondable vida interior donde obtiene consuelos y fortaleza necesarios para caminar en su misión. Esto es propio de las almas sencillas y limpias.

Vivir el tiempo presente en la presencia de Dios, es ahí donde Él te quiere hacer santo, no en el pasado, en los errores cometidos, ni en el futuro, en las preocupaciones del mañana, sino en el presente. Es donde te dará la gracia necesaria para afrontar las diferentes situaciones a las que te tengas que enfrentar en la vida.

En el contacto con Dios es donde hallamos la paz para vivir cada instante: «la paz os dejo, mi paz os doy» (Jn 14, 27). Esto no significa que es una varita mágica donde los problemas se resuelven solos, sino que el mantener el contacto con la presencia de Dios te permite estar en paz ante los problemas.

Poner la vida en las manos de Dios haciendo pequeños actos de confianza en el día a día, diciéndole confiadamente: «Tú lo sabes todo», viviendo el presente en su presencia, es lo que nos ayudará a alcanzar la santidad en lo cotidiano.

- Ana Belén Parrales, Ecuador