Personalidad de San José

La vida de San José es un completo silencio, pero con gran elocuencia en cada acto que hacía.

Si buscamos en la Biblia, quizás no encontremos ninguna palabra emitida por él y muy probablemente no podremos imaginarnos como sería su personalidad. Pero no por eso creas que fue una persona callada, tímida, sin iniciativa; todo lo contrario. Por sus acciones podremos ver quién era realmente.

Caracterizado por una total confianza en Dios, ya que después de cada aparición del ángel en sueños, él no se paraba a pensar si era real o no, sino que corría a ejecutar lo que le había sido encomendado. Una persona que pone su confianza en Dios puede llegar a hacer lo que sea, pues se lanza sin vacilaciones porque su corazón está puesto donde debe de estar; por ello llega con gran fuerza a ser determinado, decidido, etc. Supongamos que él no era de carácter así, pero como amaba mucho, daba ese paso; el amor mueve y transforma.

Entonces, como era un elegido de Dios, ¿no tenía miedo? No es eso. Él era un ser humano como tú y como yo. «José, hijo de David, no temas en tomar a María, tu mujer». Seguramente el ángel pudo percibir esto de él y animándolo a ver que esta situación era querida por Dios, una vez más confió, no se preguntó más. El miedo apareció -y esto no quiere decir que haya desconfianza por algún lado-, más bien, hizo más virtuosa su confianza. ¿Tú lo quieres Señor? Yo también lo quiero.

En la Sagrada Familia, el que estaba sujeto al pecado era él. Jesús era Dios, María era Inmaculada, él era un simple carpintero. ¿Complejo de inferioridad? Nada de eso. Él sabía a quién servía antes, durante y después, pues tenía bien puesto el corazón donde lo tenía que poner. Si en algún caso él hubiera tenido ese sentimiento, seguramente lo habría puesto en manos de Dios y no se hubiera dejado arrastrar. El que se sabe amado, no se empequeñece, porque el amor todo lo engrandece.

Fue un maestro de vida interior. No te sorprendas; todo esto que él fue alcanzando es señal de que previamente tuvo que haber tenido una fuerte relación con Dios antes de recibir esta gran misión. Por algo se le conocía como un «hombre justo» según las Escrituras, esto quiere decir que le daba a Dios lo que le correspondía, cultivaba su relación con Él. Este es el punto clave, cuidar nuestra relación con Dios, pues es la fuente de fortaleza para cualquier misión.

Toda misión consiste en el amor. Porque amaba mucho fue elegido depositario de Dios, donde guardó los tesoros más grandes: Jesús y María, pues el amor que venía viviendo en sus acciones y en su vida interior era vivo reflejo del Padre. Cada acto suyo nos lleva a contemplar a una persona que se ha dejado trabajar por Dios, y como resultado tenemos al custodio del Redentor.

-Ana Belén Parrales, Ecuador