Jesús calma la tempestad

«Pasemos a la otra orilla del lago» (Lc 8, 22). Siempre es Jesús quien tiene la iniciativa, Él es quien empieza la obra, prácticamente Él extiende su mano y te ayuda a subir a la barca. Y ¿dónde te quiere llevar? No solo a la otra orilla del lago, Jesús quiere llevarte al Cielo, que te sientes a la mesa de la eterna Eucaristía. Para llegar debes ir en una barca (tu vida espiritual) hecha de madera concreta (tu vocación).

«Mientras ellos navegaban, se durmió» (Lc 8, 23). A veces dormimos al Señor con nuestra tibieza, falta de entrega, mirarnos mucho a nosotros mismos. Y entre tanto es cuando inicia para el alma la tormenta, el demonio empieza con las tentaciones, se eleva una ola de vanidad, otra de rencor por allá, te hace sentirte imposibilitado para soportar tanto, en serio la barca se está hundiendo, realmente está entrando el agua, el demonio es fuerte, no se cansa, te odia, incluso te incita a lanzarte al mar, abandonar la barca, la vocación, la Iglesia. Mira a la estrella, invoca a María, Ella te lleva al Señor y te dice: «Anda, corre, levántale, suplícale».

«Entonces, acercándose, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Él, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron, y sobrevino la calma» (Lc 8, 24). Cuánto hace una oración humilde ante el Señor y pareciera que Jesús no hace más que obedecer, en ese momento no dice nada contra ti, no te reprocha nada (bastante tendría que decir) solo se levanta, da una orden y ante Dios el mar y las olas callan. Jesús te deja resistir hasta donde Él ve que eres capaz de aguantar porque Él no es injusto, pero pone a prueba tu amor y tu confianza para que crezcan. ¡QUÉ BUENO ES DIOS!

Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» (Lc 8, 25). Pero luego te hace pensar, y solo te reprocha algo: Que hayas dudado de Él. Cuánto hieren al Señor nuestras dudas y cuánta gloria le da una oración llena de fe, confianza, humildad y amor. 

Paciencia, confianza y esperanza en medio de la tempestad. Jamás dejes que el demonio te desespere tanto, que termines lanzándote al agua, quizá llegues a la orilla nadando, pero lo más probable es que te ahogues. Lo mejor es llegar con Él y así como te ayudó a subir, te extenderá la mano para ayudarte a bajar de la barca, pero esta vez  tu alma estará vestida con el traje digno para entrar en las bodas del cordero, el Cielo, nuestro puerto, nuestra meta.

Jesús que comenzó la obra de la redención en ti, la llevará a cabo.

«Debemos desconfiar de nuestra propia fuerza y confiar infinitamente en Dios. ¡No nos desanimemos nunca y no dudemos jamás de la victoria!» (San Francisco Javier).


Karla

Me llamo Karla Jiménez y soy candidata de las Siervas del Hogar de la Madre.
Conocí el Hogar de la Madre a los 13 años en un campamento y desde esa semana alejada del mundo, mi vida cambió drásticamente para siempre: empecé a ir a Misa diaria, a rezar el rosario, en fin, a ser el bicho raro de la clase.
Jesús se enamoró de mi miseria y Él me enamoró de su misericordia. Me dijo que quería que fuera totalmente suya y acepté, tuve muchas caídas y levantadas, pero su mano firme siempre estuvo junto a mí, su fidelidad nunca acaba y por eso le daré eternamente gracias.
Ahora solo quiero vivir para él, no negarle nada, ser el consuelo de su Corazón, y cogida de la mano de Nuestra Madre, llegar al Cielo; no sin antes haberles ayudado en esta tierra a que las almas se conviertan, amen la Eucaristías y conozcan el amor maternal de la Virgen.