Una chispa, una llama, un fuego

¿Alguna vez has jugado con bengalas? Esos fuegos artificiales que van ardiendo lentamente—que incluso los puedes utilizar para escribir en el aire poniendo la cámara en exposición prolongada. Las chispas pueden ser muy atractivas. Unas arden de color verde o rojo, otras incluso haciendo un sonido de silbido, sueltan mucho humo y pueden llegar a oler bastante mal.

¿Y qué hay de las velas? ¿Alguna vez has intentado pasar la mano o el dedo por la llama de una vela ardiendo deseando no quemarte? ¿Alguna vez has visto a alguien hacerlo? Normalmente deja en mi dedo como un carboncillo negro—no te digo que lo pruebes, pero deja el resto de tu mano limpia y prácticamente ilesa. No sugeriría a nadie probarlo con una llama más grande, como puede ser la de una fogata.

¿Qué hay de los incendios? ¿Alguna vez te has sentado delante de una fogata o una chimenea o incluso durante una barbacoa te has fijado cómo bailan las llamas y parpadean sobre la madera? Creo que la gente hace esto principalmente en invierno y durante los campamentos de verano.

Hay algo en las llamas que hace que sean seductoras y atractivas. La manera en la que bailan, eufóricamente hacia arriba, consumiendo con entusiasmo la madera, convirtiéndose en un ámbar brillante. Durante el invierno, el fuego atrae a las personas por el calor que desprenden. En la oscuridad el fuego es útil por la luz que da.

Aun así, estos fuegos pueden ser grandes, y cuando no se controlan pueden destruir los bosques, las casas e incluso pueden matarte.

¿No es interesante cómo las llamas pueden ser tan atractivas y al mismo tiempo tan peligrosas? Nos iluminan en el camino y nos dan calor, pero también se consumen y nos hieren.

«Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos». (Mt 5, 14-16)

Todos estamos llamados por Dios a ser luz para el mundo. En virtud de nuestro Bautismo, la vida de Dios, la vida de la gracia, habita en nosotros. ¿Le dejamos que brille intensamente en nuestras vidas? ¿Nos avergonzamos de ser católicos, de ser luz para los demás?

La vida de gracia en nosotros atrae. Cuanto más en gracia estemos, más virtudes poseemos, nos convertidos aún más en portadores de la luz de Cristo, y más podrá Cristo trabajar en nosotros para llegar a los demás.

Queridos amigos, esto es lo que significa ser la luz del mundo.

La Caridad en nosotros da calor a las almas frías del mundo, que carece de entrega y está lleno de egoísmo. Cuanto más nos llenemos de Cristo, más luz de Caridad llevaremos, más calor de amor seremos capaces de dar—no porque tendremos la capacidad, sino porque es Cristo mismo quien lo hace, en nosotros y a través de nosotros.

Sin embargo, la misma luz que atrae para dar calor, también atrae para brillar y dar luz especialmente en aquellos que están en oscuridad y que no pueden ver dónde están o a dónde van. En este mundo que está lleno de mentiras, impureza y codicia, muchos huyen de la luz y a menudo la atacan. No quieren cambiar. Sus ojos se sienten cómodos en la conveniencia y se encuentran más cómodos en la oscuridad.

De la misma manera que evitamos el resplandor de la luz cuando nos despertamos por la mañana, estas almas evitan el resplandor de la más mínima chispa o llama.

No os desaniméis cuando os ataquen o cuando vuestros amigos o familia os avergüencen—incluso si os quedáis solos en clase, en el comedor, o tengáis que comer sin vuestros amigos... ¡Ánimo!

Que el manto de la Virgen te cubra como el cristal que protege la llama. Revestíos también de humildad, para que así vuestra luz de vida y gracia nunca flaquee en el torbellino del mundo en el que vivimos hoy en día. Sed valientes portadores de la luz en las corrientes de la oscuridad. De esta manera, con la ayuda de Dios, paciencia y perseverancia, ayudaréis a llevar almas a la luz.

¡Ánimo amigos!