Rompe el hilo

Es de san Juan de la Cruz esta frase: «Da lo mismo que un pájaro esté atado a un hilo delgado que a uno grueso; si no lo rompe, nunca podrá remontar el vuelo. Cierto que el hilo delgado es más fácil de romper; pero por fácil que sea, si no se le rompe, el pájaro nunca volará. Así es el alma que está apegada a alguna cosa, que por mucha virtud que tenga no llegará a la libertad de la divina unión».

Es el caso del joven rico del evangelio que se acerca a Jesús. A pesar de cumplir los mandamientos desde pequeño, experimenta una insatisfacción su alma: ¡Esto no es todo lo que Dios tiene reservado para mí! Pero este pajarito no fue capaz de cortar el hilo cuando Jesús se lo pidió y ya todos sabemos cómo terminó la historia: Jesús lo miró con amor y el joven se marchó triste porque tenía muchas riquezas.

¡Qué fácil es adaptarse al mundo! ¡Cuántos toques Dios da al alma cada día! ¡Y cuántas veces respondes que no! Atrévete a decir: «Fiat». Serás feliz tú, y lo más importante, es que harás feliz a Dios al darle la gloria que Él se merece.

San Agustín decía: «Dios basta y ha querido bastarnos si tenemos hambre, se ha hecho pan, si tenemos sed se ha hecho vino, si no vemos se ha hecho luz».

Olvidándonos o no teniendo confianza en las promesas de Dios, muchas veces buscamos nuestra seguridad aquí abajo, atándonos a los bienes materiales.  Pero si queremos crecer en la vida espiritual, es necesario deshacernos de todo tipo de apegos: personas, objetos, amor propio. Atrévete a preguntarle al Señor: «¿Cuál es el hilo que no me deja volar?»

Dios pide hoy a tu alma que vuele libre, que empiece a picotear el hilo y no pare hasta romperlo. Va a costar, será difícil, en ocasiones te lastimarás con el pico, pero la clave es la perseverancia, el amor.

Y cuando goces de la unión con Dios, no recordarás ni lo costoso ni lo doloroso que fue romper el hilo.


Karla

Me llamo Karla Jiménez y soy candidata de las Siervas del Hogar de la Madre.
Conocí el Hogar de la Madre a los 13 años en un campamento y desde esa semana alejada del mundo, mi vida cambió drásticamente para siempre: empecé a ir a Misa diaria, a rezar el rosario, en fin, a ser el bicho raro de la clase.
Jesús se enamoró de mi miseria y Él me enamoró de su misericordia. Me dijo que quería que fuera totalmente suya y acepté, tuve muchas caídas y levantadas, pero su mano firme siempre estuvo junto a mí, su fidelidad nunca acaba y por eso le daré eternamente gracias.
Ahora solo quiero vivir para él, no negarle nada, ser el consuelo de su Corazón, y cogida de la mano de Nuestra Madre, llegar al Cielo; no sin antes haberles ayudado en esta tierra a que las almas se conviertan, amen la Eucaristías y conozcan el amor maternal de la Virgen.