La llamada a la santidad

Por el bautismo, todo cristiano está llamado a la santidad y al apostolado. Por eso, la santidad no es está reservada para algunas almas escogidas; todos, sin excepción, estamos llamados a la santidad, que consiste poner todos los medios necesarios para apartarse del pecado. Como decía Santa Teresita: “La santidad no consiste en tal o cual práctica. Consiste en una disposición del corazón que nos vuelve humildes y pequeños en los brazos de Dios”.

Esta llamada a la santidad se concreta en un estado de vida: matrimonio o vida consagrada.

Pero, sea cual sea el estado de vida para el que Dios pensó a cada uno, todos debemos tener la disposición del profeta Samuel, que, en medio de la noche, a la llamada de Dios respondió: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Ante este llamamiento al amor, muchas veces nos vemos tentados por el miedo, el cual se vence con la confianza en Dios, pues él lo sabe todo, lo puede todo y nos ama. Y nunca nos va a pedir algo que supere nuestras fuerzas. Además, como Dios no se deja ganar en generosidad, siempre que nos pide algo Él nos da más.

Quien mejor ejemplo de esto puede darnos es Nuestra Madre, la Virgen María, que es Modelo y Maestra. Ella, en la anunciación, dijo: “He aquí la Sierva del Señor, hágase en mí según su voluntad”. Y ese sí lo mantuvo a lo largo toda de su vida y lo pronunció también al ver a su Hijo Jesús morir en la cruz.

La vida del beato Carlo Acutis es un examen de conciencia para todos los jóvenes, es una muestra evidente de que la santidad es para todos.

Carlo Acutis participaba en la misa diaria y después se quedaba en adoración ante el Santísimo, porque estaba convencido de que “estando ante Jesús Eucaristía, uno se hace santo”. Él decía: “La Eucaristía es una autopista hacia el cielo. […] Somos más afortunados que los que vivieron con Jesús hace 2000 años. Para encontrarnos con Él, basta con que entremos en la iglesia… Jerusalén está al lado de nuestras casas”.

Él también mencionó alguna vez: “Igual que para viajar en globo hay que descargar peso, también el alma, para elevarse al Cielo, necesita quitarse de encima esos pequeños pesos que son los pecados veniales”.

Una frase muy conocida de Carlo Acutis es: “Todos nacen como originales pero muchos mueren como fotocopias”. Esto es una realidad. Dios a cada uno lo piensa con un plan diferente, para hacerle feliz, pero preferimos guiarnos por lo que el mundo piensa, dice o hace, y al final terminamos siendo como todos y respondiendo a Dios  un NO lleno de amor propio. E inevitablemente, al dirigir la mirada hacia uno mismo, viene la tristeza; la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios.

Jesús dice: “Mira que estoy a la puerta y llamo”. Y TÚ, que ¿vas a responder? Para responder a Dios hay que estar apasionado por ÉL. Pídele suplicante que te apasione por Él.

Carlo tuvo un modo concreto en el que Jesús le pidió santificarse. Nosotros debemos encontrar el nuestro, el que Dios quiere para nosotros y, sea cual sea nuestro camino, debemos trazar el programa de CARLO: “Estar siempre unido a Él es mi proyecto de vida”. Y, cuando conozcas el camino, ¡CAMINA!

Dios siempre va a hacer el 99% y nos pide a nosotros colaborar un 1%, que, aunque es mínimo, a veces cuesta mucho dárselo. Por eso hay que luchar, no bajar los brazos y, si Dios viene a buscarnos, aunque no nos encuentre perfectos, ojalá nos encuentre luchando. Porque nadie sabe ni el día ni la hora. A Carlo lo llamó a los 15 y lo encontró ofreciéndose por la Iglesia y por el Papa.

Tu manera de vivir, ¿te está ayudando a convertirte en la persona que estás llamada a ser?


Karla

Me llamo Karla Jiménez y soy candidata de las Siervas del Hogar de la Madre.
Conocí el Hogar de la Madre a los 13 años en un campamento y desde esa semana alejada del mundo, mi vida cambió drásticamente para siempre: empecé a ir a Misa diaria, a rezar el rosario, en fin, a ser el bicho raro de la clase.
Jesús se enamoró de mi miseria y Él me enamoró de su misericordia. Me dijo que quería que fuera totalmente suya y acepté, tuve muchas caídas y levantadas, pero su mano firme siempre estuvo junto a mí, su fidelidad nunca acaba y por eso le daré eternamente gracias.
Ahora solo quiero vivir para él, no negarle nada, ser el consuelo de su Corazón, y cogida de la mano de Nuestra Madre, llegar al Cielo; no sin antes haberles ayudado en esta tierra a que las almas se conviertan, amen la Eucaristías y conozcan el amor maternal de la Virgen.