El niño ríe y goza mi corazón

Dicen que un bebé trae la alegría al hogar donde llega. Ya desde muchos meses antes, todo comienza a volverse un ajetreo de mudanzas y acomodos para tenerlo todo a punto para el nuevo miembro de la familia: muebles por allí, quita y tira todo lo otro que molesta y no tenemos sitio para ello, esto sobra, trae aquello, pinta lo otro…Toda una serie de vaivenes que alteran por completo todo, pero que, si en otro momento, con otras circunstancias hubiese sido motivo de agobio, para esta espera se convierte en ilusión y anhelo. Todo el mundo quiere colaborar, todos quieren aportar su ayuda, un detalle para hacer más agradable, confortante, la llegada de ese niño tan esperado.

Los 9 meses de espera pasan volando. Antes de darse cuenta ya están en la recta final… Todo está dispuesto para hacer acogedora su llegada, todo listo para su nacimiento: todo limpio, ordenado, bonito, agradable…

¡Y al fin, llega ese día tan esperado! ¡Nace nuestro pequeño! El niño ríe en brazos de los que tanto le aman, de los que han estado esperando con ansias ese momento de poder tenerlo cara a cara, en brazos. ¡El niño ríe y goza mi corazón!

Es verdad. Cuanta alegría da el ver a un pequeño, a un bebé recién nacido, reír. Esa risa contagiosa que parece parar todos los problemas del que la escucha. El niño suelta una carcajada y al punto se dibuja una sonrisa en la del adulto preocupado, que hace que le salte el corazón, que se ensanche, se llena de un “no sé qué”, que hace que por unos instantes se olvide de todos sus problemas y aparezca repentinamente una idea: sigue riendo, por favor.

Todo esto, ¿es bonito verdad? Pero ahora te pregunto: ¿Sabes lo que es el Adviento? ¿Lo que ocurre al final de estas semanas? El término adviento proviene del latín adventus que significa llegada o venida. ¿Quién llega? El esperado de todas las naciones, el Sol que nace de lo alto y que nos viene a salvar, el Rey de reyes, el Salvador, el Mesías: Jesús. 

El final del Adviento llega hagas lo que hagas, quieras o no, estés preparado o no. Entonces, ¿qué habrás hecho para el momento del encuentro? ¿Qué habrás hecho tú para tener a punto ese nacimiento tan esperado de Jesús?

María debe ser tu modelo para aprender a prepararte para la venida de Jesús. Con su Fiat, Ella se abrió totalmente a Dios, sin vacilaciones, sin dudas. Tan absoluta fue su entrega y su apertura a Dios, que no solo lo acogió espiritualmente, sino que Dios se hizo carne en sus entrañas virginales.

María es tu Madre. Acude a Ella para pedirle que te ayude a prepararte bien para ese encuentro con Jesús. No lo dudes, Jesús quiere hacer de tu corazón su hogar. Pero para que pueda entrar ahí es necesario que haya espacio. El Niño Jesús no puede llegar a un corazón cerrado, repleto de trastos y chismes, sucio. Repítele a tu Madre: “María, Virgen de la esperanza, dame un corazón nuevo para que nazca Jesús”. María, que fue concebida inmaculada, y que durante toda su vida se mantuvo libre de las manchas del pecado, nos ayudará a purificar nuestras almas, a recobrar – con la gracia de Dios – nuestra inocencia perdida. 

Recurramos arrepentidos y con confianza al sacramente de la Confesión, sacramento que limpia todos los pecados, que nos hace estar en gracia y ser digno templo del Señor. Recibamos a Dios en la Eucaristía, donde todo un Dios está realmente presente, indefenso y esperando a que alguien le ame, le haga compañía, le mire. Adoremos a Dios en el Santísimo Sacramento del Altar. Un Dios tan solo y abandonado por aquellos a los que ha venido a salvar, por aquellos a los que ama tanto…

La espera que vivimos en el Adviento nos tiene que cambiar. Esta espera anhelante del nacimiento de Dios en nuestros corazones debe transformar todo en amor: nuestras actividades, conversaciones, nuestro entorno… Debemos llevar esta noticia a todos: El Mesías ha llegado. Dios se ha hecho niño para salvarnos en la Cruz, dando su vida por nosotros, por amor. No podemos quedarnos impasibles dejando pasar sin más esta realidad, este acto de amor extremo de Aquel que ha nacido por nosotros.

No dejes pasar sin más los días, prepara tu corazón para Jesús, para recibirlo en la Comunión, que no sea un acto más del día, sino que sea el GRAN MOMENTO por el cual vives. 

San Manuel González dice: «Jesús, que cuando te pregunten por mí, sonrías». Pues hagamos todo lo que podamos de nuestra parte para que nuestras vidas puedan realmente hacer sonreír a Jesús. Aquel que nos ama con un amor íntimo e infinito no nos pide más que amor, ¿se lo negarás?


Hna.-Patricia

Me llamo hna. Patricia Mª del Amor Crucificado y soy Sierva del Hogar de la Madre.
Vivía una vida llena de aventuras: tirolinas, piraguas, escalada, caballos… Era monitora de campamentos; era mi sueño: lo tenía “todo”. Hasta que un día la Virgen me sorprendió viniendo de "acampada" a donde yo trabajaba e hizo que mi vida cambiara por completo.
Dejé esas aventuras del mundo por una más apasionante: vivir para Dios y mi Madre, la Virgen. Así que ahora, me he lanzado sin vuelta atrás, y mi vida es una tirolina en la que al otro lado me espera alguien: Jesús.