La oración del Ángelus

La oración del Ángelus siempre ha sido de las oraciones marianas que más me costaba rezar. Tal vez era por mi mala disposición a realizarla o porque, como a veces nos pasa, hacemos las oraciones de manera mecánica, sin pensar realmente en lo que decimos. Pero el Señor ha querido darme una gracia muy grande con esta oración, y ahora me encanta rezarla. Si sigues leyendo, te la cuento y quizás te ayude a ti también.

Todo empezó en una confesión donde el sacerdote, después de escucharme, me recordó los tres consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia. Me ayudó a entender que todas esas debilidades, imperfecciones y pecados en el fondo venían de vivir mal alguno de estos tres consejos. Yo pensaba que los tenían que vivir solo los religiosos y sacerdotes, pero poco a poco me explicaba cómo todo cristiano, sea cual sea el estado de vida que tenga (sacerdote, casado, soltero, consagrado o religioso) debe vivir pobre, casto y obediente. 

Yo soy una joven universitaria y al descubrir que el Señor me propone este camino, entendí que era mi deber descubrir cómo vivirlo desde mi realidad. Si el Cielo es la meta, esta es la única vía. Desviarse de ese camino es simplemente perderse, nunca llegar.  

La confesión terminó y mi penitencia fue rezar el Ángelus. Luego en la capilla, al iniciar y decir: «El Ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo» tuve la certeza de que María me decía: «Pídeme a mí que te ayude a vivir la castidad». Al decir después: «He aquí la Sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra» tuve la misma experiencia pero esta vez me decía: «Pídeme a mí que te ayude a vivir la obediencia». Y por último al decir: «El verbo de Dios se hizo hombre, y habitó entre nosotros», me decía: «Pídeme a mí que te ayude a vivir la pobreza».  Terminé la oración y me quedé reflexionando sobre lo que acababa de pasar, que fue para mí una gracia muy grande y que poco a poco la fui profundizando. 

Entendí que la primera frase del Ángelus es reflejo de la castidad perfecta vivida por Nuestra Madre ya que concibió por obra y gracia del  Espíritu Santo. Fue Madre de Dios sin dejar de ser Virgen, y para poder vivir esa castidad y pureza –que a fin de cuentas es poner en primer lugar a Dios en nuestro corazón y que nada ocupe su lugar– debemos acudir e imitar como modelo perfecto a María. Nadie como Ella supo entregarle el corazón completamente a Dios. ¡Qué alegría saber que es nuestra aliada para poder vivir la castidad! Ella, la Siempre Virgen, es quien te ayudará a descubrir cómo quiere el Señor que vivas esta castidad en tu vida. Atrévete a preguntarle y sé dócil. 

En la segunda frase descubrí  el resumen de la obediencia que María vivió durante toda su vida. Ella siempre dijo: «Hágase», su vida entera fue un SÍ a Dios, pero si tenemos que escoger un momento en el que la obediencia de María brilló de manera especial es cuando dijo: «He aquí la Sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra». El camino que marca Jesús también es el de la obediencia al Padre y esta obediencia no siempre es sencilla, pero una vez más la Virgen se nos presenta como modelo, poniendo toda su vida en manos del Señor y dejando que se cumplan en Ella los planes de Dios. Así debe ser nuestra vida, la carrera que elegimos, las actividades de cada día, las decisiones que tomamos… todo debe siempre responder a un plan mayor, el plan que Dios tiene para nosotros. Entonces ¿quién nos ayudará a escuchar y entender los llamados que el Señor nos hace cada día? ¿A quién recurrir para que nos ayude a tener un corazón dócil y obediente? A María. Ella te ayudará a responder un “sí” siempre. 

Y al final del Ángelus pude ver el ejemplo de un Dios que se hizo pobre, encarnándose en el seno de la Virgen María «Habitó entre nosotros». El primer hogar de Jesús fueron las entrañas de Nuestra Madre. Dios pudo haber elegido la riqueza y el honor pero eligió la pobreza y la humildad. Es esta pobreza de espíritu la que nos da libertad. ¿Qué tenía María para ofrecerle al Señor? Nada material, pero se entregó Ella misma. Con el ejemplo de Nuestra Madre nos damos cuenta que el Señor habita en los que son pobres, ¡pobres de espíritu!, en un corazón que despojado de todo puede poseer al todo. Desde el pesebrel hasta la Cruz Jesús vivió el completo desprendimiento y en este camino la Virgen fue la primera en seguirle. ¿A quién acudir para poder luchar contra el deseo de poseer y de poner las seguridades en las cosas materiales que siempre nos atan o nos dejan vacíos? A María. Ella te ayudará a dejarlo todo, que en realidad es nada, para entregarte al que se hizo carne en su vientre, Jesús.  

Entendí que Nuestra Madre será la ayuda y el Modelo más grande para poder vivir ese camino que nos ha marcado el Señor Jesús. Es de su mano como podremos caminar seguros hasta llegar al Cielo, y Ella quiere que se lo pidamos, Ella es el auxilio de todos los que, queriendo empezar el camino de santidad, son conscientes de su debilidad. El Ángelus es ahora la oración que me recuerda este camino que empezó Jesús y que siguió la Virgen.

Es una alegría saber que puedes ir de la mano de quien nadie se pierde, de María. Hay que ser jóvenes castos y puros para amar de verdad, obedientes para vivir esa sencillez que da tanta paz y alegría y pobres de espíritu para vivir la auténtica libertad. Ojalá te pase como a mí y cada vez que reces el Ángelus recuerdes el camino que el Señor ha marcado para ti y que María quiere ser tu acompañante fiel.