Clavos y tornillos

Querida alma elegida:

¿Alguna vez has martillado un clavo en la madera? ¿O has puesto un tornillo para montar un estante o un mueble de algún tipo?

Una vez durante el invierno (cuando el clima todavía era indulgente), estaba trabajando en el jardín y se me encargó quitar los clavos y tornillos de unos grandes, enormes pedazos de… no sé qué. Eran como enormes tablones de madera con espuma de poliestireno pegado. Había muchos clavos y tornillos. Los más grandes eran fáciles de encontrar porque sobresalían. ¡Otros eran tan pequeños que pensé que era tierra del terreno del suelo! Estaba bastante entusiasmada para quitarlos todos. Armada con guantes, un martillo y una palanca, me desafié a mí misma a ver cuántos podía sacar en el mínimo tiempo posible. 

El comienzo fue fácil, el martillo funcionó muy bien y estaba muy contenta conmigo misma. 

Luego vino la parte difícil… Me di cuenta que algunos clavos estaban tan oxidados que ¡ni siquiera podía meter la parte posterior del martillo debajo del clavo! Tuve que usar la palanca para extraer la espuma y luego colocarla debajo del clavo para sacarla. No importaba lo fuerte que tirara o el ángulo que tomara; mis esfuerzos eran inútiles. Y entonces me di cuenta…¡¡Era un tornillo!! ¿Puedes creerlo? ¡No es de extrañar que no se moviera! ¡Qué tonta soy! 

Estaba bastante frustrada cuando las cosas se pusieron difíciles. Tenía todas las herramientas que necesitaba, pero esos clavos y tornillos no salían. Algunos estaban tan descompuestos en el material, que tuve que pedir a alguien que me ayudara a sacarlos. 

Y entonces me di cuenta.

Estos clavos y tornillos son como nuestros pecados. Nuestros defectos, vicios y malos hábitos que se han convertido en parte de nosotros… casi como una segunda naturaleza nuestra. Ese comentario sarcástico disfrazado de “ingenio”. 

Algunos pecados, como los tornillos y clavos más grandes, son fáciles de localizar y quitar... un simple tirón de la parte posterior del martillo es suficiente para quitarlo de una vez para siempre. Otros, especialmente esos malos hábitos y vicios de los que no podemos deshacernos del todo, son como los clavos que han sido incrustados profundamente en la espuma, cubiertos con una capa gruesa de óxido. A menudo pasados por alto, estos vicios requieren no solo un gran esfuerzo para deshacerse de ellos, sino también alguien más que venga en nuestra ayuda. 

Era mucho más fácil cuando había alguien más que me ayudara a quitar estos clavos y tornillos. Uno de los dos tiraba del clavo, y el otro empujaba el material. Algunos malos hábitos y vicios son así. Necesitas que alguien más te ayude a deshacerte de estas cosas desagradables. 

Estas son esas personas en tu comunidad, tu grupo de amigos, incluso miembros de tu propia familia que encuentras molestos, con los que no te puedes llevar bien, cuya presencia te molesta por alguna razón.

“Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; 
Lávame: quedaré más blanco que la nieve”. - Salmo 50

La belleza de Dios consiste en que Él sabe lo que necesitamos. A veces, luchar solo para librarnos de un pecado profundamente arraigado puede ser duro, y la sabiduría de Dios envía personas para ayudarnos a librarnos de estos vicios desde sus mismas raíces para que las semillas del Espíritu puedan ser plantadas y los frutos del Espíritu puedan nacer en nuestras vidas. Frutos que durarán.

Así que la próxima vez que notes que te molestas con alguien sin razón, o cuando te saquen de tus casillas, da un paso atrás, da gracias a Dios por la oportunidad de crecer en virtud, da gracias a Dios por la gracia de crecer y da gracias a Dios especialmente por la persona.