Via Crucis con Pier Giorgio Frassati

      El cumpleaños de Pier Giorgio cae Lunes Santo este año, en cercanías de la Jornada Mundial de la Juventud – que este año tiene por tema "Joven, a ti te digo, Levántate!" - y en el dramático contexto de una pandemia a escala mundial, que nos obliga a festejar a nuestro Amigo sin poder reunirnos. Lo haremos rezando y meditando el Vía Crucis, queriendo con ello abrazar en la luz redentora del Señor todo el dolor que nos asedia y que, de otro modo, podría arrastrar también nuestras vidas a la depresión y a la sombra de la muerte.

      En su mensaje dirigido a los jóvenes, el Papa nos invita a no desviar la mirada del misterio de la muerte, que se manifiesta también en muchas existencias inauténticas de tantos jóvenes. Casi haciéndose eco de las palabras de Pier Giorgio Francisco escribe: "Hay quien va tirando en la superficialidad, creyéndose vivo mientras por dentro está muerto (cfr. Ap 3, 1). Uno se puede encontrar con veinte años arrastrando una vida que no está a la altura de la propia dignidad. Todo se reduce a un 'dejarse vivir'.

      No se trata solamente de reaccionar, de reaccionar con optimismo y buena voluntad. Pier Giorgio, siguiendo a Jesús hasta el extremo don de sì, ha recorrido la caridad como camino de resurrección y de vida plena. Viendo al Señor en los pobres, en los enfermos y en los necesitados de todo tipo, Frassati ha tejido relaciones luminosas, generosas, felices. Por eso su existencia fue intensa, rica, bella, capaz de esa toma de iniciativa y de esa circulación de vida en las cuales consisten la paz verdadera y la caridad auténtica. Es ésta la vida a la cual somos llamados: empieza aquí para cumplirse más allá del tiempo.

      En estos días, en los cuales experimentamos todos más o menos brutalmente nuestra fragilidad de creaturas senadas misteriosamente por la muerte, Pier Giorgio testimonia una gran esperanza:   "Lindo es vivir sabiendo que nuestra verdadera vida está más allá, de lo contrario quién podría llevar el peso de esta vida, si no hubiese un premio a los sufrimientos, una dicha eterna, como se podría explicar la resignación admirable de tantas pobres creaturas che luchan con la vida y tantas veces mueren en la brecha, si no fuera por la certeza de la Justicia de Dios" (A Marco Beltramo, 15 de enero de 1925).

      Son palabras que parecen describir el escenario del coronavirus, y que constituyen un impulso a estar "en la brecha" y a hacer lo posible en una situación como ésta. Como sabemos, Pier Giorgio murió justamente por haber contraído él mismo un virus letal:   "Supe que Pier Giorgio murió por el trabajo silencioso de un diminuto germen che se anida en las mucosas de la nariz y de la garganta, en la circulación sanguínea  para establecerse preferentemente en los centros nerviosos [...] Como nos ha afirmado reiteradamente el profesor, el senador Ferdinando Michieli, mi hermano tuvo que haber contraído la enfermedad durante sus visitas a los pobres en la parte más escuálida de Turín" (Luciana Frassati - Una vida nunca apagada [2010], 103).

      El calmo relato de la muerte de Frassati, acaecida con los mismos efectos de la parálisis hasta la asfixia y con el decorado de garrafas de oxígeno, nos lo hace sentir (como siempre, dicho sea de paso) cercano y partícipe.

      Con él rezamos y a él encomendamos nuestros temores y nuestras esperanzas.

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