Mentalidad de cangrejo

¿Has comido cangrejos alguna vez? Dependiendo de su especie, algunos son coloridos, otros son lodosos, algunos son enormes, otros son pequeños y otros son como arañas. Pero ¿te has preguntado alguna vez sobre lo que hacen y dónde viven en el mar? Bueno, la mayoría de las veces los puedes encontrar en el fondo del mar buscando comida. Ellos siempre están en el fondo, escondidos debajo de arena o lodo, buscando una presa y escondiéndose de los depredadores. Esto me hace preguntarme cómo pueden ver en tanta oscuridad.

Pero los cangrejos tienen una peculiaridad interesante. Cuando se les pone en un cubo abierto, los pescadores no necesitan atarlos o cubrir el cubo. En efecto, si te tomas el tiempo de observarlos, podrás ver a uno de los cangrejos subirse encima de otro intentando salir del cubo. Y he aquí que, cuando por fin alcanza la cima y el borde del cubo, el cangrejo de abajo lo tira otra vez para abajo. ¿No es fascinante?

¡El Señor ha creado el mundo y todas estas criaturas maravillosas! Si nos tomamos el tiempo de reflexionar, podemos ver que nuestro Señor nos habla incluso a través de ellas. 

De vez en cuando intento animar a mis padres para que vayan a Misa entre semana o a pasar tiempo conmigo en la adoración eucarística. Y de vez en cuando recibo una respuesta despreocupada: «No es necesario ir a la iglesia, se puede simplemente rezar en casa».

A veces, cuando invito a mis primos a ir a Misa, o cuando le digo a mis padres que animen a mi hermana a ir a Misa, mi madre me responde diciéndome que es su decisión. Es su decisión y yo no debería imponerles mis creencias. Sin embargo, cuando surgen escándalos de la Iglesia, o cuando un monaguillo o alguien que sirve en la parroquia comete un error, sus errores muchas veces son remarcados y muchas veces exagerados.

¿Pero es realmente su decisión? ¿Estamos imponiéndonos a una persona si la animamos a ir a Misa con frecuencia? ¿Estamos realmente intentando «convertirla» si le hablamos de la vida de los santos o de las virtudes o de lo que nos gustó de la homilía del domingo?

En la lectura de Jesús que cura al paralítico, el pobre hombre no pudo acercarse a Jesús. Y sus amigos le tuvieron que ayudar llevándole literalmente al encuentro de Jesús. ¿Sabes qué pesado es llevar a un hombre adulto? ¿Y cuánto tiempo se necesita para abrir –quiero decir destruir- el tejado de la casa de alguien? Ese hombre tenía que tener amigos verdaderamente buenos.

Mis queridos amigos, nosotros también podemos preguntarnos si hemos sido buenos testigos de Cristo para nuestros amigos, hermanos y familiares.

¿Has sido un escándalo para la Iglesia por la manera en que te vistes? ¿Has propuesto actividades que han puesto en peligro la vida sobrenatural que Dios te ha dado a ti o a tus amigos? ¿Has animado a tus amigos a escuchar música que promueve la rebelión o la promiscuidad? ¿O, bajo el pretexto de modas y tendencias, has influenciado a tus amigos a vestir mal o a beber alcohol para pasarlo bien?

Como los cangrejos, ¿has tirado a alguien para abajo y has desanimado a alguien que intentaba hablar de cosas que son buenas? Como los cangrejos, ¿buscas oportunidades que desaniman a alguien a vivir una vida con Cristo, hablando más de apariencias que de virtudes, de responsabilidad o de ayudar a los pobres, de ser más caritativo, de hacer un buen uso de lo que Dios nos da (ropa, tiempo, comida, dinero) y darlo a los que lo necesitan?

¿Tienes mentalidad de cangrejo?

Un buen cristiano ha recibido la responsabilidad de animar a la gente a acercarse a Cristo, a elevar nuestros pensamientos, nuestros corazones a lo sobrenatural, a Dios.

¿Cuántas veces incentivas a alguien a hacer eso? ¿Cuántas veces subes hacia arriba? O, como los cangrejos, ¿decides quedarte cómodamente en la oscuridad del pecado, esperando tirar para abajo aquellos que intentan alcanzar la luz?