La escuela de la Cruz

Estamos en el tiempo de Cuaresma, un tiempo de purificación, un inmeso regalo que el Señor nos hace para trabajarnos, para prepararnos, para concedernos gracias muy especiales, para superar aquellas debilidades que durante el resto del año nos impide acercarnos al misterio de la redención.

Me parece precioso que el Señor, en su misericordia, nos regale 40 días tan especiales. Pero, ¿qué debo hacer? ¿Cómo debe ser mi oración para aprovechar este tiempo y vivir bien la Pascua después?

No se si te ayuadará pero puedes vivir este tiempo como un tiempo para aprender de Jesús. Es impresionante cuánto podemos aprender de la Cruz simplemente mirándola, contemplando a Jesús clavado en la Cruz.

A menudo, cuando hacemos meditación sobre la Pasión, nos lanzamos a pedirle al Señor que nos ayude a morir en la Cruz con Él, o a desclavarle y clavar nuestro amor propio. Sin duda es una oración preciosa, pero quizá también puede ayudarte simplemente ponerte a los pies de la Cruz, al lado de María, y mirar, contemplar a tu Dios muerto por ti, derramando cada gota de sangre por ti. El Papa invitaba a los jóvenes a hacerlo en su exhortación Christus Vivit y lo recordaba en su mensaje para esta cuaresma: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez».

¿Quieres aprender a amar? ¿Quieres crecer en justicia? ¿Quieres que el Señor te regale el don de la fidelidad, de la perseverancia? ¿Quieres vencer el temor al sufrimiento? ¿Deseas aprender a cumplir dócilmente la voluntad del Padre? Mira a la Cruz, Jesús allí nos lo explicó todo, nos dejó el camino para ser como él; en ella encontramos la medida para vivir nuestra vida en verdadera tensión de santidad, como decía Santa Teresa: «En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo».

La medida de la perseverancia, la medida del amor, la medida de la justicia, de la fidelidad, de la entrega dócil, de todo aquello que debes vivir en tu vida la encuentras en Jesús clavado en la Cruz. La Cruz es la mayor escuela para el cristiano, Cristo en la Cruz nos enseña y nos abre el camino para vivir nuestra vida en plenitud a imagen de la vida que Él vivió.

Déjate guiar por el Maestro, sigue el ejemplo de Aquel que dijo: «Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón». Contempla el Corazón de Jesús, traspasado en la Cruz, entregado hasta el extremo por amor y deja que su sangre te purifique y transforme el tuyo. 

Pídele a la Virgen que te haga permanecer a su lado, aprender a mirar la Cruz no como un tormento, no como un lugar de muerte, sino mirarla para aprender a amar como Jesús amó allí, aprender todo lo que el Señor nos quiere dar. Él no se quedó en la teoría, lo llevó a la práctica, cumplió con precisión todo lo que el Padre le pidió, hasta el extremo, con radicalidad, hasta derramar la última gota de sangre. Y todo lo hizo por amor a los hombres, para darse a los demás ¿Qué mayor ejemplo necesitamos?

Él en la Cruz lo ha hecho todo, Él en la Cruz nos lo ha explicado todo, Él en la Cruz nos ha dejado la prueba más evidente, fiel y total del amor.

Mira la Cruz, acércate a ella, contempla a Jesús allí, déjate amar y purificar por Él, persevera y así se cumplirá lo que dice la Escritura: «Mantente firme y no te anguties en tiempo de adversidad. Pegate a Él y no te separes, para que al final seas enaltecido» (Sir 2, 2-3).

Es bueno que esto lo intentes vivir con prácticas concretas. Te animo a que le pidas al Señor que te muestre qué puedes hacer para acercarte a Él en esta Cuaresma y que lo disciernas con tu guía espiritual. Puede ser un buen momento para aumentar tu oración, y si fuese posible hacer un momento de oración delante de la Cruz o de un sagrario. Otra práctica sencilla que puede agradar mucho al Señor es tener un acto de amor cada vez que pases por delante de una cruz, darle un beso, repetir alguna jaculatoria, cualquier cosa sencilla hecha con gran amor.

Vive la Cuaresma aprendiendo del Maestro, y en la Pascua deja que su resurrección traspase tu corazon haciéndote un hombre nuevo.

 


Beatriz Fra

Me llamo Beatriz. Soy estudiante de Enfermería y pertenezco al Hogar de la Madre de la Juventud. Hace unos años, participé en un viaje misionero a Ecuador en el que me di cuenta de la importancia de la presencia real de Cristo en mi vida. Yo había sido siempre católica, pero estaba más centrada en mí misma que en Dios. Caí en la cuenta de que una vida que no se entrega, se pudre y de que viviendo para mí y en mi superficialidad, perdía lo que Dios me había dado hasta ahora. Ver que el Señor me había estado acompañando siempre, que me amaba y que sufría por mi falta de fidelidad, cambió radicalmente mi vida. Me empujó a querer ir al Cielo dejando la superficialidad, luchando cada día por ser santa y llevando a los demás el tesoro tan grande que un día encontré. Por ello, intento compartir la alegría de la fe con todos, especialmente con los jóvenes, y un medio para ello es a través de este blog. ¡Rezad por mí!