El águila y la tortuga

Hace siglos Plinio el viejo, un filósofo romano, escribió cómo las águilas agarran a las tortugas y las levantan muy alto para luego dejarlas caer sobre rocas. De esta manera rompen su caparazón para comerlas. Si el caparazón de la tortuga es duro, el águila repite el mismo proceso hasta conseguir lo que quiere. 

Imagínate la vida de esa tortuga. Siempre arrastrándose por el suelo, sin ver ni saber mucho de lo que le rodea, cuando de repente una águila le agarra y empieza a subir y subir. Tímidamente asoma la cabeza, está descubriendo un mundo nuevo, unas vistas impresionantes que nunca  podría haber imaginado.  Y piensa la tortuga: “Que buen amigo tengo en el águila”. Está feliz, regocijándose en el nuevo amigo que ha encontrado. Hasta que el águila le suelta y empieza a caer….

Y es que una tortuga no nació para volar. Estaba contenta porque el águila le había sacado de lo “normal”, de lo “aburrido”, pero nunca debe alegrarse uno de estar entre las garras del enemigo.

¿Qué podemos aprender del águila y la tortuga? 

¿No os parece que la pobre tortuga se asemeja bastante a muchas personas de hoy en día? Viven felices con los "nuevos avances": la ideología de género, el aborto, la eutanasia, etc. Dicen: "ya no estamos en el mundo tan aburrido que conocieron nuestros abuelos, ya no tenemos que sujetarnos a las leyes morales, ni siquiera a las de la naturaleza". No se dan cuenta de que sin Dios no somos nada. Lo que quiere el enemigo es romper su ser de criatura, hecho a imagen de Dios, que es como una caparazón que le protege, para perder sus almas para siempre.

- Por Hna. Bernadette Clair, SHM