Muletillas de la mediocridad

Recientemente tuvimos una reunión acerca de unas palabras de Mons. José Ignacio Munilla sobre las muletillas de la mediocridad. Para mí fue realmente de gran ayuda y me dio gran luz para crecer y madurar en mi relación con el Señor. 

Con ello, el obispo de San Sebastián, se refiere a ciertos comentarios que las personas de nuestro alrededor -quizá cristianos como nosotros- nos dicen, o incluso pensamientos que tenemos metidos hasta el fondo de nuestra cabeza y que, poco a poco, destruyen nuestra alma. 

Uno de ello es el famoso: “Todos lo hacen”. ¡Cuántas veces hemos pensado: ‘’Total..., si todos lo hacen, ¿por qué yo no lo puedo hacer?’’, o incluso: “No será tan malo si Menganito y Fulanito lo hacen”!. 

Creo que es importante que no se nos olvide que el Señor en persona nos ha dicho qué debemos hacer y cómo debemos actuar y pensar. Es Él mismo quien nos pide que no seamos solo buenos, o que no hagamos lo que los demás hacen, sino que seamos “perfectos” como nuestro Padre celestial es perfecto. No podemos conformarnos con la mediocridad, si el Señor nos llama a la santidad, a la perfección. Como decía Benedicto XVI: “El mundo nos ofrece comodidad, pero no fuimos creados para la mediocridad sino para la grandeza”.

Para reflexionar acerca de esta muletilla y poder vencerla, Mons. Munilla nos recomienda la lectura de un pasaje evangélico: 

«Dijo entonces Jesús a los doce: “¿Queréis acaso iros también vosotros?”. Le respondió Simón Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”» (Jn. 6, 67).

Cuando nosotros caemos en esa muletilla, Jesús nos dice: “¿También te quieres ir y alejarte de mí como ellos hacen? ¿También vas a seguirles cuando me abandonen?”. Ojalá podamos contestar como San Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”.

Quizá puedes estar pensando: “¡Qué exagerado!”, y es que, precisamente, esta es otra de nuestras muletillas de mediocridad. A menudo, más frecuentemente de lo que creemos, pensamos: “Buah... ¡Qué exagerada es! Tampoco hace falta pasarse”. 

¿Has pensado alguna vez que el mismo Señor quiso morir entregando cada gota de su sangre por ti, pudiendo habernos salvado simplemente con un chasquido de dedos? ¿Acaso el Señor se ha conformado con poco al amarte y entregar su vida por ti? 

En cuestión de amor, de confianza y de fe, debemos buscar la radicalidad, la entrega sin medida, porque el Señor se merece toda nuestra vida, todo nuestro amor, y no solo las migajas, porque Él mismo dijo en el Apocalipsis: “Ojalá fueras frío o caliente. Pero eres solo tibio, ni caliente ni frío. Por eso, voy a vomitarte de mi boca” (Ap. 3, 15-19).

Pidamos al Señor que nos ayude a enamorarnos de Él, para que desechemos todo resquicio de mediocridad y podamos conocer y vivir el verdadero amor de forma auténtica, sin medidas ni límites, porque solo el amor de Dios hace al alma libre.

 


Beatriz Fra

Me llamo Beatriz. Soy estudiante de Enfermería y pertenezco al Hogar de la Madre de la Juventud. Hace unos años, participé en un viaje misionero a Ecuador en el que me di cuenta de la importancia de la presencia real de Cristo en mi vida. Yo había sido siempre católica, pero estaba más centrada en mí misma que en Dios. Caí en la cuenta de que una vida que no se entrega, se pudre y de que viviendo para mí y en mi superficialidad, perdía lo que Dios me había dado hasta ahora. Ver que el Señor me había estado acompañando siempre, que me amaba y que sufría por mi falta de fidelidad, cambió radicalmente mi vida. Me empujó a querer ir al Cielo dejando la superficialidad, luchando cada día por ser santa y llevando a los demás el tesoro tan grande que un día encontré. Por ello, intento compartir la alegría de la fe con todos, especialmente con los jóvenes, y un medio para ello es a través de este blog. ¡Rezad por mí!