¿Qué puedo hacer hoy por ti?

Cuando los nazis invadieron Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial, en uno de los poblados sacaron a los hombres del pueblo y los pusieron en línea. Para mostrarles su superioridad sobre ellos, el comandante iba contando hasta 10. Cada décimo hombre recibía un tiro en la cabeza. Hubo un hombre que contando un poco más rápido que el nazi y previendo su mala suerte, cayó de rodillas pidiendo misericordia por sus hijos y su mujer. El hombre que estaba a su lado dio un paso adelante y dijo al comandante: “Acepte mi vida en lugar de la suya; yo no tengo hijos”. Todos los que estaban en la fila sabían quién era: el cura de aquel lugar, otro san Maximiliano Kolbe menos conocido. El comandante miró con sorpresa a los dos hombres, y entonces ocurrió algo inesperado. Quizá un rayo de humanidad iluminó el corazón endurecido del comandante, o bien le movió el deseo de no hacer mártires. Nunca sabremos sus razones, pero la historia nos cuenta que aquel nazi sonrió y perdonó la vida de los dos.

Años después, cuando se acabó la guerra y vino la paz, aquel hombre afortunado nunca olvidó a quién debía su vida. Todos los días llamaba a la puerta del sacerdote para preguntarle: "¿Qué puedo hacer hoy por ti?". Es que el sacerdote no solo le había salvado la vida, sino que había estado dispuesto a dar la suya por él. Era imposible pagar tan gran favor, pero era justo intentarlo.

Amor con amor se paga. ¿Has pensado alguna vez en lo que Jesús ha hecho por ti? No solo te ha dado la vida terrena, sino que, entregando su vida por ti en la cruz, te ha dado la vida eterna. Después de tan gran favor, lo justo sería ponerte todos los días ante Él en el sagrario y preguntarle: “¿Qué puedo hacer hoy por ti?”.

-Hna. Bernadette, SHM