Aprende a arreglarte (3ª parte)

Quiero que te concentres por un segundo en una palabra: “aborrecer”. Aborrecer: rechazar, detestar, abominar, odiar, despreciar, sentir repulsión o asco. Ahora nos podemos preguntar: ¿aborrezco, rechazo, detesto, abomino, odio, desprecio todo o que el mundo quiere? ¿Me repelen y asquean los criterios del mundo y el pecado?

Aborrece lo que quiere el mundo y ama lo que ama Cristo. Ámalo y búscalo constantemente como tu primera prioridad y tu principal ocupación. Revístete de Cristo. Desea vivir alegre con Cristo alegre, pobre con Cristo pobre, humilde con Cristo humilde, obediente con Cristo obediente, ¡valiente con Cristo valiente!

“Detestad lo malo, apegaos a lo bueno… con un celo sin negligencia” (Rm. 12, 9-11).

¿Odio el pecado? ¿Me causa repulsión automática? ¿Me asquea al  igual que los gusanos y la carne podrida?
¿Me aferro a lo que es bueno? ¿O sigo aferrándome desesperadamente a los criterios del mundo, demasiado cobarde y débil como para desprenderme de ellos?

Tienes que acostumbrarte a hacer cosas que quizás no te apetezca hacer. Es hora de que madures y aprendas a decirte “no” a ti mismo y a tus preferencias, ¿no te parece?

No te olvides de que estamos llamados a tener los mismos sentimientos, los mismos deseos y los mismos criterios que Cristo… ¡nada menos!

¿Y quién conocía los pensamientos, sentimientos y criterios de Cristo mejor que María, su Madre y nuestra Madre? ¡Pídele que te enseñe a odiar y a rechazar todo lo que sea contrario a la voluntad de su amadísimo Hijo!