10 consejos prácticos para la vida interior

1.    Levántate todas las mañanas a una hora fija, sin pereza, y ten preparado un horario para el día. Ten la voluntad firme de cumplirlo con constancia y perseverancia. El alma no puede crecer en la vida espiritual si ya empieza el día vencida por la pereza.

2.    Tiempo de oración/adoración todas las mañanas. Es fundamental. “El que decide y cumple el propósito de dedicar una hora cada mañana a la oración, ya ha hecho la mitad del trabajo del día”, dice Santa Teresa de Ávila. Un día sin oración es un día de tibieza.

3.    Misa, comunión y liturgia de las horas. Son una mina de oro para la vida interior y deberían ser explotadas con fe y fervor crecientes.

4.    Examen de conciencia. Te ayudará a vigilar el corazón. "Vigilad y orad" (“vigilate et orate”). Esto mantendrá el alma atenta a lo que está pasando dentro de ella y consciente de la presencia del Espíritu Santo en su interior. Esto la ayudará a volverse hacia Jesús, especialmente en los momentos de distracción, superficialidad y desánimo.

5.    Jaculatorias y comunión espiritual a lo largo del día. Incluso en nuestras ocupaciones, en peligros y dificultades, en cualquier situación en que nos encontremos, deberíamos aprender a dirigir la mirada y el corazón hacia Dios.

6.    Leer y estudiar la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento. Todos los días o varios días a la semana.

7.    Lectura espiritual. El alma necesita que se le recuerden las verdades sobrenaturales, que tan fácilmente olvida. 15-30 minutos diarios de lectura ayudarán a mantener vivo el deseo de orar y ser mejor.

8.    Confesión semanal. La vigilancia sobre el corazón te ayudará a confesarte mejor, a sentir sincera contrición, verdadero dolor de los pecados y a hacer el firme propósito de ser cada vez más fiel y resuelto.

9.    Ejercicios espirituales todos los años. Tiempo de silencio y oración para estar con nuestro Señor, escuchar su voz y poner las cosas en orden para que no nos muevan afectos desordenados.

10.    Retiro mensual. Un día (o, al menos, media jornada) de silencio y oración. Aquí el alma adquiere el equilibrio que va perdiendo entre tanto trabajo y distracción. Estos retiros son como desintoxicaciones para el alma que vive en un mundo envenenado. Piensa en el tiempo de oración diaria como una desintoxicación de una hora, el retiro mensual como una desintoxicación de un día y los ejercicios como una limpieza a fondo de una semana.