El síndrome del gatito

Los cachorros de los gatos a veces son bonitos… y otras no tanto. Pueden ser bonitos en pósteres, suaves, con ojos grandes, posando en un campo con mariposas y flores silvestres o saliendo graciosamente de una cesta o una caja de regalo con grandes lazos…

Pero ¿has visto alguna vez a un gato enfadarse? ¿Por qué crees que en inglés se usa el término “pelea de gatos”?

Hay algunas personas que son “gatunas” y otras no…, pero por el bien de esta aplicación espiritual, vamos a dejar todos los prejuicios a un lado y a centrarnos en la moraleja de este ejemplo.

Entonces, recapitulando: a veces los cachorros de gato pueden ser muy bonitos, especialmente cuando están posando, cuando se les acaricia…, pero si los asustas o los incomodas o, simplemente, cuando les da por ahí, pueden transformarse en monstruos que arañan y bufan, y ya no son tan agradables.

¡Dios es tan bueno! Ha puesto muchísimos ejemplos en su creación que nos ayudan a reflexionar. ¡Deberíamos agradecerle constantemente el darnos tantas cosas que nos ayudan a crecer como seres humanos y a crecer en amor a Él!

Ahora podemos reflexionar sobre este ejemplo. ¿Actúo yo de vez en cuando así? ¿Soy simpático y cariñoso cuando estoy posando para una foto, o cuando estoy cerca de ciertas personas, o cuando quiero obtener algo?

Soy bueno y cariñoso cuando otros acarician mi orgullo, mi ego, mi amor propio, cuando obtengo lo que yo quiero, cuando soy el centro de atención, cuando todo sale como quiero, cuando otros dicen buenas cosas sobre mí, me hacen cumplidos... Pero, ¿y cuando no estoy posando, o no estoy cerca de ciertas personas, o cuando no soy el centro de atención, o cuando la gente hace cosas que me molestan o hieren mi sensibilidad, o cuando estoy fuera de mi zona de confort? ¿Me convierto en un pequeño monstruo?

Cuando todo va como quiero y todos son buenos y amables conmigo, soy una persona agradable, pero si algo no va como yo quiero o alguien hiere mis sentimientos: ¡Garras! ¡Bufidos! ¡Las cosa se ponen fea!

Aunque ahora sufras un grave y agudo caso de síndrome del gatito, ¡no temas!, porque la perseverancia en la batalla y la gracia de Dios te aseguraran la curación.

Una buena forma de ayudarte a obtener la curación es dejar de buscar el recibir cosas para ti y empezar a darte a los demás. En otras palabras, no estés siempre buscando lo que otros te pueden dar o cómo pueden hacerte feliz, sino busca con constancia hacer felices a los demás. Trata de crear siempre un buen ambiente, buscando llevar a cabo pequeñas cosas que puedan hacer la vida de los otros más fácil y agradable. Deja de pensar tanto en ti (en cómo te sientes, en lo que quieres) y piensa en lo que puedes hacer por otros. Reza. En lugar de centrarte tanto en ti todo el tiempo, centra tus pensamientos, tu mente, tu corazón en Jesús y en nuestra Madre. Pregúntales cómo harían ellos las cosas y quédate solo con ellos... El simple hecho de dedicar un tiempo a ellos te ayudará a ser más "normal" y "sano".

Recuerda: María, nuestra Madre, fue y es la "siempre buena" y "siempre bella". Lo fue y siempre lo será, porque su corazón era purísimo y estaba lleno de amor. El centro de su corazón era su Hijo, nunca ella misma. Así que vamos a tomarla como nuestro modelo, para imitarla y pedirle su amorosa y maternal intercesión, y así podamos estar menos "centrados nosotros mismos" y más "centrados en Cristo". Amén.