¡Repugnante!

Quiero centrarme por un segundo en esta palabra: aborrecer.

Aborrecer: rechazar, detestar, despreciar, odiar, menospreciar. ¿Estoy asqueado, repugnado, por todo lo que el mundo ama, es decir, por el criterio del mundo y por el pecado?

Aborrecer lo que el mundo ama y amar lo que Cristo ama. Amarlo y buscarlo constantemente como tu prioridad y tu gran ocupación. Revístete de Cristo. Ponte en donde está Cristo. Desea vivir alegre con Cristo alegre, pobre con Cristo pobre, humilde con Cristo humilde, obediente con Cristo obediente, valiente con Cristo valiente.

Odia el mal, sujétate a lo bueno… No aflojes en el celo (Cfr. Rm. 12, 9-11).

¿He pecado? ¿Eso me ha causado automáticamente repulsión? ¿Me disgusta el pecado tanto como los gusanos y la carne podrida? ¿Me apego a lo bueno o todavía estoy desesperadamente inclinado al criterio del mundo? ¿Estoy tan acobardado y débil que no soy capaz de soltarlo?

Vale, seguramente te quejarás de que es muy difícil al principio, pero ¿no crees que es hora de aprender a tener un poco de disciplina y hacer las cosas que no te gustan? Vamos, ¡sé valiente! Ya es tiempo de que aprendas a decir “no” y fortalezcas esos músculos débiles de tu voluntad.

No olvides que estamos llamados a tener grandes deseos, pensamientos y el mismo criterio de Cristo, nada menos que eso.

¿Sabes? La Madre de Jesús fue su mejor y más fiel soldado. Pídele que te dé un poco de fuerza para practicar la virtud, especialmente valentía y un mayor amor por su Hijo, para tener la fuerza de experimentar un verdadero rechazo por el pecado y por todo lo que nos separa de Él.