La dirección espiritual

La dirección espiritual es el difícil arte de conducir almas desde el inicio de la vida espiritual a la cumbre de la santidad y perfección cristianas. Espera un momento... ¿El difícil arte de...? Ok, simplifiquémoslo un poco. La dirección espiritual es como una revisión médica pero en la vida espiritual. Necesitamos un doctor espiritual que nos diagnostique el estado de nuestra alma y nos recete el mejor remedio. En palabras de San Francisco de Sales: “¿Porqué deberíamos desear constituirnos en los propios directores de nuestras almas cuando no asumimos la revisión de nuestros cuerpos? ¿No vemos que los médicos, cuando están enfermos, llaman a otros médicos para que les dictaminen el remedio que necesitan?”   
    
Esta dirección tiene que ser llevada gradualmente, es decir, de acuerdo con las fuerzas y la necesidad del alma en un momento determinado.  Tan pronto como un alma decida resueltamente recorrer el camino a la santidad, la dirección debe comenzar y continuar a través de todas las fases del camino.  Ir por este camino sin un guía experimentado sería una idea fatal.

Aunque es verdad que algunas almas han alcanzado la santidad sin director espiritual, normalmente, los que han alcanzado la perfección, han tenido el consejo y aviso de un director espiritual. Por lo tanto, está claro que aunque la dirección no es absolutamente necesaria para la santificación de las almas, es uno de los medios normales de crecimiento en la santidad. La historia de la Iglesia está repleta de santos que han insistido en su importancia. Harías bien en seguir su ejemplo y tomarte lo de la dirección espiritual en serio. 

La dirección espiritual es el difícil arte de conducir almas desde el inicio de la vida espiritual a la cumbre de la santidad y perfección cristianas. Espera un momento... ¿El difícil arte de...? Ok, simplifiquémoslo un poco. La dirección espiritual es como una revisión médica pero en la vida espiritual. Necesitamos un doctor espiritual que nos diagnostique el estado de nuestra alma y nos recete el mejor remedio. En palabras de San Francisco de Sales: “¿Porqué deberíamos desear constituirnos en los propios directores de nuestras almas cuando no asumimos la revisión de nuestros cuerpos? ¿No vemos que los médicos, cuando están enfermos, llaman a otros médicos para que les dictaminen el remedio que necesitan?”   
    
Esta dirección tiene que ser llevada gradualmente, es decir, de acuerdo con las fuerzas y la necesidad del alma en un momento determinado.  Tan pronto como un alma decida resueltamente recorrer el camino a la santidad, la dirección debe comenzar y continuar a través de todas las fases del camino.  Ir por este camino sin un guía experimentado sería una idea fatal.

Aunque es verdad que algunas almas han alcanzado la santidad sin director espiritual, normalmente, los que han alcanzado la perfección, han tenido el consejo y aviso de un director espiritual. Por lo tanto, está claro que aunque la dirección no es absolutamente necesaria para la santificación de las almas, es uno de los medios normales de crecimiento en la santidad. La historia de la Iglesia está repleta de santos que han insistido en su importancia. Harías bien en seguir su ejemplo y tomarte lo de la dirección espiritual en serio. 

El director espiritual


El director espiritual

¿Quién puede ser mi director espiritual?

Normalmente el director espiritual es un sacerdote, por varias razones: 1) el sacerdote suele tener el necesario conocimiento y experiencia práctica requeridos para guiar a las almas; 2) la tarea de la dirección espiritual está estrechamente relacionada a su papel como confesor; 3) en la Iglesia, es el papel del sacerdote es el de tratar con los asuntos de la conciencia; 4) los sacerdotes han recibido gracias especiales de Dios para tratar estas cosas.

Por otro lado, es posible que haya personas prudentes que, aunque no sean sacerdotes, llevan una profunda vida de oración y poseen el adecuado conocimiento y experiencia en la vida espiritual como para dirigir. En la historia de la Iglesia podemos ver ejemplos en santos como Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila y san Francisco de Asís.  

Al escoger un director, hay dos cosas importantes a tener en cuenta: 1) eres libre en la búsqueda y elección de director espiritual; 2) el director tiene la libertad de aceptar o no ser tu guía. 

Cualidades del director espiritual


Cualidades del director espiritual

Algunos santos, como Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, están de acuerdo en que un buen director espiritual debe estar instruido, ser prudente y tener experiencia.

San Francisco de Sales dice que un buen director espiritual tiene que reunir tres cualidades principales: tiene que estar lleno de caridad, de conocimiento y de prudencia.

Examinemos estas cualidades: 


Caridad

Por encima de todo, un buen director espirtual, cuando dirige a un alma a la perfección, debe moverse por la caridad sobrenatural. Debe ver en esa alma a un hijo espiritual que Dios mismo le ha confiado a su cuidado y debe tener celo por la santificación de esa persona. Debe tener especial cuidado de evitar afecciones sentimentales que podrían llevar a apegamientos que harían imposible la dirección del alma de un modo desinteresado.

La amabilidad del director espiritual debe estar unida a la firmeza y a la honestidad. Tiene que tener la valentía de advertir caritativamente al alma cuando ve que está en peligro. Debe ayudar a todas las personas a ser capaces de superar sus defectos y a mantenerse en guardia contra todos los que intentan llevar y convencer a las almas desprevenidas a seguir un camino erróneo. Debe recordar que representa al Señor y debe dirigir al alma a alcanzar la perfección.


Conocimiento

Un buen director espiritual debe saber realmente cómo se desarrollan la fe y la vida espiritual. Debe conocer en qué consiste la perfección cristiana, la obligación de los cristianos de buscar la santidad y también los obstáculos que paralizan al alma en esta búsqueda de la perfección. Debe saber sobre el discernimiento de espíritus, cómo se purifica el alma, los distintos caminos para crecer en la virtud y los diferentes modos de oración. Por último, un buen director espiritual debe tener un conocimiento básico sobre la persona humana: los diversos temperamentos y caracteres, cómo funcionan las emociones y los principios básicos de psicología.


Prudencia

Se requiere prudencia y buen juicio para dirigir a las almas de acuerdo con los movimientos de la gracia y no de acuerdo con las propias ideas.  El papel del director es el de reconocer las circunstancias particulares de una situación concreta y dar al alma el consejo que necesita en ese momento. Por eso, la prudencia es una de las cualidades más importantes de un buen director espiritual.

El director espiritual debe pedir, sobre todo, prudencia sobrenatural, que se fortalece por el don de consejo, invocando a menudo al Espíritu Santo y, especialmente, en casos difíciles. No debe dedicar a la dirección más tiempo del necesario, evitando conversaciones prolongadas, charlas innecesarias, preguntas indiscretas. Debe buscar hablar solamente de aquello que beneficia a las almas, dando breves consejos, claros y concretos. Un buen director espiritual debe caracterizarse, sobre todo, por su juicio sólido, la claridad de sus consejos y la sinceridad, así como la franqueza, sin ninguna parcialidad o motivos interesados. 


Experiencia

Esta cualidad fue particularmente enfatizada por Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, porque incluso cuando el director espiritual está menos instruido o le falta prudencia, la experiencia puede suplir estas limitaciones. La experiencia que necesita puede provenir de su propia vida espiritual, pero no es el único modo. La puede obtener también de sus observaciones y de la misma experiencia de dirigir a otros. Sin embargo, la experiencia sola no es suficiente, porque el Espíritu Santo puede conducir a las almas a la cima de la santidad por muy distintos caminos.

Un buen director espritual no debe olvidar nunca que es simplemente un instrumento en las manos de Dios y debe evitar caer en el error de pensar que todas las almas pueden ser conducidas por el mismo camino. Si el director olvida estos dos importantes puntos, más que ayudar, se convertirá en un obstáculo para la obra del Espíritu Santo en el alma.

Deberes del director espiritual


Deberes del director espiritual

Los deberes de un buen director espiritual son: conocer, enseñar, animar y corregir al alma, a la vez que guardar el secreto en relación con las cosas privadas que se tratan en la dirección espiritual.


Conocer

El director espiritual debe conocer el temperamento, el carácter, las tendencias, los defectos, los gustos y repujnancias, los dones y las habilidades del alma que le ha sido confiada. Debe conocer suficientemente la vida pasada del individuo para saber cuáles han sido las principales luchas del alma, cómo ha progresado en la vida espiritual y cuáles son las principales gracias que el alma ha recibido de Dios. Todo este conocimiento ayuda al director a entender la disposición del alma, así como a ver los sacrificios que la persona está dispuesta a hacer para alcanzar la santidad. El director debe conocer también los obstáculos y las luchas actuales por las que el alma atraviesa.


Enseñar

El objetivo de la dirección espiritual es conducir al alma a la cima de la perfección. Al instruir y dirigir al alma, el director debe dejar que la persona solucione sus problemas y dificultades personales por voluntad propia, siempre que sea posible, para que el alma no se vuelva excesivamente dependiente o comience a acudir a él para pedir permisos innecesarios o cosas tontas. 

El alma debe ser instruida en la obediencia para que no tome ningún paso importante sin la aprobación del director espiritual. El horario, la vida de oración, el apostolado, las prácticas de piedad, la mortificación y las penitencias deben ser aprobadas y controladas por el director espiritual.

La dirección debe limitarse a asuntos espirituales y el director nunca debe permitir que el alma se salga de esta línea y comente cosas mundanas o se enrede en conversaciones inútiles.

Se debe tener especial cuidado con las almas escrupulosas, a las que se debe dirigir a confiar y obedecer a sus directores sin poner excusas.


Animar

El director debe buscar infundir en las almas completa confianza en Dios y desconfianza de uno mismo. Se debe animar a las almas a ser fieles a las gracias de Dios, sabiendo que la fidelidad les conducirá a la santidad. El director debe ser consciente del gran daño que se puede hacer a un alma cuando se la trata con dureza y severamente en un momento que está más necesitada de ánimo y ayuda para continuar en el camino de la perfección.


Corregir

El director espiritual debe ser capaz de combinar la amabilidad de carácter con la obligación de corregir las faltas del alma que dirige. El objetivo de dirigir a un alma a la perfección no se puede realizar sin ayudarla a quitar sus defectos y a encontrar remedios para corregir las tendencias hacia ciertos pecados. Sin desanimar al alma, el director tiene que hacerla entender que las imperfecciones voluntarias obstaculizan el camino de la perfección.


Dirigir

La dirección de almas debe ser progresiva y continua. El director tiene que discernir las necesidades del alma en cada momento, para no exigirle demasiado -llevándola al desánimo-, ni impedir que sea capaz de elevarse hacia Dios cuando Él quiere llevarla a un mayor grado de santidad. Por lo tanto, el director espiritual debe conocer las distintas fases que marcan el progreso espiritual para ser capaz de discernir el estado del alma que dirige y ayudarla a avanzar hasta la cumbre de la santidad.


Discreción

El director espiritual debe ser una persona de una gran discreción, es decir, que sepa respetar la privacidad de la persona a la que dirige y guardar confidencialmente los temas tratados. Nunca se debe inmiscuir en cosas o forzar a la persona a revelarle algo que la persona no le quiere contar.

Cualidades de la persona dirigida


Cualidades de la persona dirigida

La dirección espiritual no puede tener éxito a menos que la persona dirigida coopere y tenga la disposición adecuada. 


Actitud hacia el director

La persona que recibe dirección espiritual debe tener una actitud de respeto, confianza y docilidad hacia el director. 

Respeto – Antes que nada, debes ver a tu director como a un representante de Dios, sean cuales sean las cualidades (defectos o perfecciones) que tenga. El respeto mostrado debe ayudarte a ser dócil y obediente a tu director. Al mismo tiempo, este respeto debe ser una salvaguarda contra una excesiva familiaridad, que  podría llevar a un apegamiento no saludable. Como dice San Francisco de Sales: “En pocas palabras, esta amistad debe ser fuerte y dulce, santa, del todo sagrada, totalmente divina y enteramente espiritual.”    


Confianza – El tipo de confianza que debes tener con tu director debe ser de filial confianza y perfecta apertura de corazón. Debes esforzarte especialmente en cultivar esa confianza de modo que se convierta en un amor sobrenatural hacia tu director.

Debes estar vigilante para asegurar que esta confianza no degenera en una afección sensual.

Si encuentras una dificultad particular en abrirte totalmente a tu director porque eres excesivamente tímido o retraído, debes contárselo a él y dejar que te ayude preguntándote ciertas cosas o recomendándote un buen libro. Por otro lado, si ves que tienes el peligro de hablar demasiado en la dirección espiritual y que fácilmente sacas temas poco importantes, debes limitar el tiempo con tu director espiritual y dejar temas menos relevantes para otra ocasión.


Docilidad – Debes ser dócil a la hora de escuchar y poner en práctica los consejos de tu director. Tu único deseo debe ser el de cumplir la voluntad de Dios. No hay nada más dañino que intentar conseguir tus propios deseos interesados intentando convencer a tu director de tus puntos de vista personales. Es tu deber hablar sinceramente sobre tus gustos y repujnancias con tu director y mencionar cualquier dificultad o problema que veas en el cumplimiento del consejo de tu director. Tan pronto como hayas explicado todo, debes someterte con humildad a su guía, a menos que sus consejos vayan claramente contra la fe o la moral.


Disposición interior

Para asegurar que la dirección espiritual tiene éxito, debes examinarte a ti mismo y asegurarte de que eres sincero, constante y discreto. 

Sinceridad – En orden a que tu director te guíe con mayor perfección, tiene que tener conocimiento de tu alma. Debes contarle abiertamente y con sinceridad tus debilidades y tentaciones, fallos y logros, pruebas y dificultades, deseos y resoluciones. Haz lo posible por ser franco y honesto en las cosas espirituales que trates y ten cuidado de no buscar excusas ni exagerar tus virtudes.   


Constancia – Debes tener la disposición de perseverar en el camino de la santidad a través de la obediencia a los consejos de tu director, confiando en su guía. No cambies de director espiritual si no es por una razón seria. Porque, fácilmente, puedes caer en la trampa de dejarte llevar por tus gustos personales y tus deseos, solamente porque no te gusta o no estás de acuerdo con el consejo de tu director. Sé constante y humilde, confiando en la persona que Dios ha puesto en tu camino para ayudarte a llegar a la perfección.    


Discreción – Así como el director está obligado a guardar secreto en lo referente a los temas tratados en la dirección espiritual, tu también estás obligado a ser discreto. No debes contar a otros los consejos o avisos que has recibido de tu director para alguna cosa concreta. Se puede causar un gran daño al director si no eres discreto y, como consecuencia justa, él podría decidir no dirigirte.

Cómo escoger director espiritual


Cómo escoger director espiritual

Para escoger a tu director espiritual solamente tienes que dar tres fáciles pasos:

1) Rezar – Debes pedir a Dios en la oración la gracia y la luz necesarias para escoger prudentemente a tu director. 

2) Investigar – Debes investigar y ver qué persona que esté disponible posee el conocimiento, la prudencia y la experiencia necesarias para ser un buen director espiritual. No debes tomar la decisión basado en tu inclinación natural o tus sentimientos hacia una persona en particular sino que es importante que busques a alguien en quien puedas confiar y a quien puedas abrirle tu corazón. 

3) Escoger – Una vez que has encontrado a la persona que reúne las cualidades necesarias de un buen director espiritual y al que tú estás dispuesto a respetar, a confiar en él y a ser sincero con él, puedes comenzar. Cualquier pensamiento posterior de cambiar de director debe ser tomado siempre muy seriamente, porque puedes cometer errores fácilmente en tus propios juicios sobre tu director. Si decides cambiar de director, debes asegurarte también de que no es simplemente porque no quieres obedecer y prefieres seguir tus propios deseos.