Vida litúrgica sentimental

Jesús, Maestro nuestro,  líbranos de una falsa vida litúrgica. Líbranos de una vida litúrgica sentimental, de un “sentirme bien” que base mi vida litúrgica dolo en mis sentimientos y emociones, dejando a la voluntad esclava de la imaginación y de la sensibilidad, convirtiendo la liturgia en una poesía interesante o una “sesión de bienestar”.

Esto no significa que ser insensible ante la belleza de la liturgia. Al contario, la belleza, el arte, los símbolos, las canciones, los gestos de la liturgia... están dirigidos a nuestros sentidos, con el fin de levantar nuestros corazones a Dios y ayudar a nuestra voluntad a ofrecer el tesoro de la liturgia junto con toda la Iglesia.

Por lo tanto, puedo disfrutar y encontrar placer en la belleza y en la riqueza de la liturgia, la Misa, los dogmas de la fe, los misterios que celebramos al largo del año, las oraciones de absolución, las tiernas palabras del Bautismo, la unción de los enfermos, la fuerza de la confirmación… Solo que hay que recordar que la parte sensible, la que mueve nuestros sentimientos y emociones, está allí para ayudar y debe fortalecer nuestra voluntad, que es lo más importante. Si tenemos una voluntad fuerte, cuando vengan estos sentimientos que fluctúan o desaparecen, estaremos firmes y podremos permanecer fieles a nuestra vida espiritual y a nuestros compromisos, porque nuestro deseo es amar y unirnos a Dios, da igual si mis sentimientos me acompañan o no.

Los sentimientos son inconstantes. Toda nuestra vida interior y litúrgica es para unirnos más a Dios y amarle más. El “hombre viejo” que hay dentro de nosotros tiene que morir. Todos estos hábitos del hombre viejo, criterios, sentimientos, etc., tienen que morir para que Cristo pueda vivir y reinar en nosotros.

En conclusión: podré decir que poseo una verdadera vida litúrgica cuando utilizo la liturgia para aumentar mi unión con Dios y con la Iglesia, y esta unión me hace más y más como Jesús, en sus virtudes, en su humildad, en su pureza, en su obediencia, en sus pensamientos, en sus acciones, etc., para que yo pueda reflejarle mejor ante los demás.