Aprende a arreglarte (2ª parte)

El salmo 44 habla de una novia (una bella princesa) que está siendo llevada ante el rey para su boda. Describe cómo la princesa estaba adornada con perlas y con una hermosa seda bordada con oro fino. La presentan ante el rey, y este queda impresionado por su belleza.



(Un pequeño aviso a todas aquellas chicas que estáis ahora mismo empezando a imaginaros el final feliz de la película con un príncipe azul y que fueron felices para siempre… Intenta centrarte, porque este salmo es mucho más profundo que todo eso).



“Ya entra la princesa, bellísima, vestida de perlas y brocado; la llevan ante el rey con séquito de vírgenes, la siguen sus compañeras: las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real”. El rey es cautivado por su belleza. La belleza descrita en este salmo se refiere a la belleza del alma. Un alma bella y adornada de virtudes: pureza, humildad, sencillez, sinceridad, modestia, alegría, orden, fuerza, valentía, prudencia, justicia, bondad, generosidad, honestidad, paciencia, templanza, autocontrol… y la lista sigue y sigue.
 

La imagen de una novia bellamente adornada para su marido es una imagen frecuentemente utilizada en referencia a la Virgen. De hecho, ¿qué alma ha sido más bellamente adornada que la suya? El mismo Dios se enamoró de la belleza de su alma inmaculada, de esa alma que Él mismo había preparado y adornado como modelo de belleza y niña de sus ojos.



¿Sabes? Es impresionante pensar cómo Dios ha vestido a toda la creación con su gloria al crear el universo. Él vistió mi alma con la infinita belleza de su gracia y fui bautizado. ¿Guardo esta belleza a salvo? ¿Adorno mi alma y la hago crecer en belleza? ¿O destruyo esta belleza con mis vicios, pecados, malos hábitos, perezas, egoísmos?



Pídele a la Virgen, modelo de toda belleza y maestra de toda virtud, que te ayude a adornar tu alma, para asemejarte cada vez más a ella, de tal forma que, un día, Dios pueda mirar tu alma y la vea adornada con la misma belleza y virtud con que adornó el alma de la Virgen María. Que ella nos convierta en la niña de sus ojos.